diumenge, 27 d’agost de 2017

De Mérida a Hoyos.

En mi ignorancia, pensaba que esta tierra era seca y desértica. Pero está cruzada de ríos muy considerables, y hay embalses por todas partes. Es un paisaje humanizado, aunque humanos se vean pocos. Cruzaremos el país de Sur a Norte, por un par de autovías que están muy bien. Nos acompañan aves rapaces que yo no sé identificar: buitres no son, porque no tienen las alas deshilachadas. Unas son parduzcas y tienen un vuelo majestuoso, pero no conozco las aves de por aquí. Otros son claramente halconcitos que se acercan mucho al suelo y vigilan bandadas de palomas.
Paramos en Coria, lugar obligado. Empezamos nuestro paseíto rodeando una torre medieval estupenda, una de esas cosas que uno no se cansa de mirar, y nos paramos delante de la casa de Sánchez Mazas y Sánchez Ferlosio. Por diversos motivos este año he tenido en la mano cartas autógrafas de Sánchez Mazas, y se me hace extraño estar ahora delante de la casa de las que salieron para Barcelona y Madrid. Las puertas de madera de Coria son todo un monumento en sí mismo. Comemos en el Bobo de Coria, en un comedorcito presidido por el cuadro de Velázquez y utensilios del pasado. ¡Qué decir de esta tarta del Casar!
Delante de la Catedral, quedo deslumbrado. Eugenio d'Ors decía, en una de sus denostadas teorías, decía que el Barroco hispánico había empezado en Lisboa y que se había extendido hacia el este en forma de gótico plateresco. Lo demostraba enseñando fotos de balcones manuelinos. Delante de esta fachada fastuosa, presidida por la tracería y el "horror vacui", la teoría me parece verosímil.
La bóveda es, como en Hoyos, abanico. Y hay un pequeño museo en el claustro muy agradable. Bajo los arcos hay caras y corderos místicos. Una buena visita.
Al parecer, durante la Guerra de la Indepedencia, al obispo de Coria los franceses le dispararon un tiro en la boca y otro en los genitales. Los soldados que fueron a parar aquí, derrotados por los ingleses, al parecer eran la quintaesencia del programa ilustrado...
Hoyos no está lejos: solo unos treinta kilómetros. El pueblo es delicioso, tiene como un aire atlántico. La iglesia combina vestigios románicos con elementos manuelinos: esto es tierra de transición: Portugal está a 20 kilómetros y me explican que por allí hablan un extraño idioma híbrido.
La Sierra de Gata es muy especial: acostumbrado a las montañas abruptas de Catalunya, todas con sus correspondiente acantilado vertical, con la visita reciente a los Puertos de Beceite, esta montaña antigua y redondeada me parece de lo más extraño.
Nos movemos hasta Acebo y nos bañamos en su helada piscina natural. Me escoltan unos pececitos pardoamarillos. Todo el valle lo preside el Monte Jálama, lento y solemne, de casi 1.500. Es como el padre o el pastor de esta zona. Aquí el monte es verde claro y se orla a sí mismo con pedruscos negros.
Al parecer, hace unos años la sierra fue devastada por un inendio apocalíptico: se ven las huellas negras por todas partes. Pero la vida se está abriendo paso con fuerza: los pinos chamuscados y las encinas vuelven a tener hojas, pero quizás por haber respirado tanto humo algunas tapias humanas son de un negro doliente, inexplicable.
En un cartel veo que el ave más común aquí es el águila real: por la foto entiendo que los pajarracos de la carretera lo eran: águilas reales, y en cantidades asombrosas. Ya no tendré que mirar en el Google. Yo en Catalunya solo había visto una, pero muy de cerca, en el Canigó. Y era realmente dorada. En catalán, el águila real es una "àguila daurada". Estas no son doradas, son águilas un poco abuitradas. No tiene tanto glamour pero son más populosas y democráticas: sobre todo se dejan ver más. Pero es que hay muchas. En Extremadura también hay murciélagos enormes, casi del tamaño de un estornino. Dan hasta un poco de yuyu.
El pueblo de Gata es una mancha de leche en una hoya alta. Aquí se ve que llevaba una escuela de Humanidades Nebrija... ¡Aquí!
Encinas, olivares, alcornoques. En el campo de Cáceres, el verde y el amarillo dialogan. Hoy amanece nublado. Cruzaremos la Sierra de Gata de Oeste a Este y rozaremos las Hurdes.

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