dimarts, 10 de juliol de 2018

Andariegos, nueva literatura de viajes



Pienso que tendríamos que alegrarnos de que en nuestra república de las letras destaque una escritora como Patricia Almarcegui, una auténtica aventurera literaria como las de la época de la Ilustración o el Romanticismo. Conocer Irán (Fórcola, 2018) es una auténtica revelación. Almarcegui es capaz de cincelar párrafos como si su propio espíritu fuera una escultura, y la estatua de sí misma la construyera a partir de sus relaciones con los paisajes, la arquitectura, los jardines, las artes aplicadas y las demás mujeres, hermanas suyas fugaces, con que se cruza en su viaje, un viaje que va volviéndose iniciático a medida que se avanza en la comprensión integral del mosaico persa. No es solo que describa con enorme exactitud lo que ve: es mucho más. Lo que consigue esta escritura es desentrañar las claves íntimas y los significados espirituales de los objetos que desfilan ante ella. Le entran a uno ganas de ir, y de hacerlo ya, a ciudades como Isfahán, Yazd, Kashan, Mashsad, Kermán o Shiraz, donde la autora vivió luego, y que debe ser algo así como la Sevilla de Irán.
            Conocer Irán invita a volverse loco y salir a ver mundo sin red. Pero, entendámonos, a vivir una locura ilustrada como la suya. Impresiona la capacidad de asombro de Almarcegui. Impresiona su capacidad para integrar la realidad otra y de abandonarse a su seducción. Su talento para desentrañar lo real oculto, el carácter de las gentes y las culturas con las que tropieza. Impresiona la naturalidad con la que expone las dificultades por las que ha de pasar una viajera por el simple hecho de ser mujer e ir sola. Impresionan su sabiduría, su capacidad por engarzar anécdotas, historia y deslumbramientos en una prosa basada en la arquitectura de los párrafos y la confesión moderada. Un libro delicioso, vaya.
            También va siendo hora de que la crítica se fije en el Eduardo Moga prosista. Su obra dedicada a los viajes empieza a ser ya muy extensa. La pasión de escribil. Relato de tres viajes a Hispanoamérica es del 2013; Corónicas de Ingalaterra. Un año en Londres, del 2015; y su continuación homónima, con el subtítulo añadido de “Una visión crítica de Londres”, del 2016. Los ha ido publicando en La Isla Siltolá y Varasek. A sus toneladas de excelente poesía hay que ir colocando ya todas estas toneladas de impresiones y juicios en buena prosa. Su nueva entrega, El mundo es ancho y diverso, incluye un relato sobre una estancia familiar en Lanzarote, la aventura de un festival literario en Polonia y Ucrania y un periplo tunecino; lo acaba de publicar Baile del Sol. Todo ello viene a sugerirnos que la dedicación moguiana a los viajes no es una broma ni un episodio fugaz, sino un cultivo creciente sobre el que valdría la pena detenerse.
Lo que más abunda en El mundo es ancho y diverso es la ironía: “A mí las actuaciones folclóricas siempre me han dado sueño (de hecho, solo puedo imaginarme tres cosas más narcóticas que un festival folclórico: una misa, un encuentro de poetas de la experiencia y un congreso de auditoría y contabilidad”; o: “Muy pronto comprobamos la eficacia del servicio de guaguas: el último autobús a la capital acaba de salir, y el siguiente tardará una hora y media”. Un humor que no abundaba en sus libros dedicados a Londres, lugar que dejó en el autor una impresión culturalmente rica pero más bien nubosa y crítica. La idiotez inmanente en el mundo del turismo es una de las cosas que más indigna al visitante de Lanzarote, pero a la vez el autor se pregunta por qué a veces no puede reprimir el instinto de hacer el guiri. Asimismo, el libro concentra un acerado anticlericalismo, característico también de los textos de Moga, así como la denuncia de los nombres de fascistas colocados sobre placas, calles y hoteles. Y se nota que escribe un poeta, sobre todo en las pinceladas de paisaje: “Contemplamos el paisaje de Lanzarote por primera vez: picachos pelados se elevan, como pezones, de la tierra seca, y a sus pies se disponen, como legos dispersos, islotes de casas blancas y cuadrangulares. Entre los montes y las agrupaciones de casas, muretes de piedra volcánica intersecan los campos”.
También llama la atención, en el libro, el interés moguiano por las desnudeces de las mujeres y los juguetes pornográficos. Se trata del registro que exploró en sus Seis sextinas soeces. Y no es un registro erótico; no: es un registro soez, un idioma guarro. La sinceridad entra de lleno en la poética del autor, que tiene un falito con patas sobre la mesa de su despacho y se hace fotos con estatuas de enormes falos. Ver nalgas y tetas, lamentar el estado de vejez y decadencia física, admirar y dejarse enamorar por chicas guapas y cultas, es su manera de denunciar la hipocresía generalizada, y de reivindicar el sexo como algo lúdico y vital. Eduardo Moga es un escritor radicalmente materialista, ateo y, a veces, pornográfico como un goliardo. Es un auténtico pagano medieval. El mundo es ancho y diverso es, curiosamente, el libro más confesional del autor, el que más refleja su vida familiar, su identidad y su manera cotidiana de vivir y pensar. Hacia el final de la obra, Moga nos muestra qué opinión (o pasión) le despiertan los libros de viajes: “Me gustan los libros de viajes: leerlos y escribirlos. Es una forma singularmente directa de obtener lo que persigo en literatura: ser otros, vivir más, ser más”. Es una declaración aleixandresca.
            En el otro reverso de la medalla, el neorromanticismo pudoroso de Sergi Bellver, que acaba de publicar Variaciones sobre Budapest (La Línea del Horizonte), una auténtica joya del género. Lo siento, me pierden los libros minúsculos. Conocer Irán, también es un maravilloso libro menudo. Para escribir una novela sobre el Imperio Austrohúngaro, Bellver pasa unos meses en la capital húngara y se deja enamorar por todos sus rincones. Cuando observa a chicas en el metro, Bellver se entrega al más musical de los sentimentalismos. Estamos muy lejos del exhibicionismo juglaresco de Eduardo Moga. Bellver engarza su impresionante capacidad de evocación y vivencia y observación con pasajes musicales, y el resultado es una viva sinfonía de sensaciones armoniosas. Moga bebe de Sade y de la Ilustración gamberra; Bellver es más sereno y leopardiano.
            Más que una teoría del viaje, lo que firma Bellver es una teoría de la vida, de la Historia, un manifiesto a favor de la lentitud y una teoría de la soledad: “Otra de las bondades de la renuncia es, simplemente, ser dueño de tu tiempo y no tener que cumplir con un programa solo porque los demás esperan que lo hagas”; “Viajar en tren es atender al ritmo del paisaje no tiene nada que ver con facturar kilómetros”. Bellver es uno de los escritores más puramente escritores que pueden encontrarse hoy en nuestro país. No es que sea “puro”, es que lucha desde el nomadismo y la ascética por no ser más que un escritor. Por ejemplo, Moga es también editor o padre, y Patricia Almacergui es también aventurera y profesora. Bellver escribe: “Para mí, viajar tiene que ver con estar dispuesto a extraviarse, a renunciar a un plan, a no cerrar el círculo previsto”. La impresión fugaz, el descubrimiento íntimo, la metáfora feliz (“veo deslizarse las anguilas amarillas de los tranvías”), la belleza para sí misma, son las cosas que persigue.
            Viajar es huir del turismo, de los tópicos y de las aglomeraciones idiotizadas. Estos tres autores nuestros lo demuestran y defienden. El género goza, por lo visto, de excelente salud. Disfrutémoslo, estudiémoslo como se merece.


Publicado en "Quimera", Núm. 414, junio de 2018.

"Els fenòmens de l'atenció", curs fantasma d'Eugeni d'Ors



        L’abril de 1909, Eugeni d’Ors va impartir un curs sobre “La lògica del fenomen diastàsic” al local dels Estudis Universitaris Catalans. La forma, el fons i el context d’aquelles conferències eren força coneguts per la crítica. Víctor Pérez es va doctorar l’any 2014 amb una tesi brillant sobre la segona part d’aquell curs, impartida al desembre de 1909, segona part que ara ens presenta editada en forma de llibre. L’obra havia passat totalment desapercebuda, ja que ni tan sols el propi Pantarca n’havia fet referències clares. El text dormia el son de més d’un segle en una de les caixes de l’Arxiu Nacional de Catalunya, a Sant Cugat, i pot situar-se amb tota justícia al costat d’altres textos orsians de naturalesa filosòfica, com La vall de Josafat o Filosofia de l’home que treballa i que juga.
La presentació de Xavier Pla, summament didàctica i informativa, s’assembla a totes les que ha anat situant a l’inici de les seves edicions del Glosari català de Xènius, o a la que va encapçalar la seva edició d’Historias lúcidas (Fundación Banco Santander, 2011). El text de Pla ens serveix per entendre un dels aspectes més desconeguts per la figura d’Ors: el seu compromís amb la ciència experimental. Pla ja va recuperar i publicar, l’any 2009, La curiositat (Quaderns Crema), un altre original perdut d’Eugeni d’Ors que es pot considerar un text germà del que ara torna a la llum.
La introducció de Víctor Pérez, editor de l’assaig orsià, presenta una estructura original, copiada del clàssic esquema de la comunicació humana: Emissor, Receptor, Canal, Missatge i Context. I la idea és bona, perquè totes aquestes circumstàncies eren anòmales l’abril de 1909, quan Eugeni d’Ors va reunir per segona vegada un selecte públic barceloní al local dels Estudis Universitaris Catalans (que ocupaven un local de la plaça del Pi) per tal de comunicar-li les seves troballes i descobriments del món parisenc, en matèria de Psicologia Experimental.
Perquè en aquelles quatre sessions, ens explica Pérez, era Eugeni d’Ors, i no Xènius, qui prenia la veu. Un conferenciant que desitjava minoritzar el creador literari per tal que aflorés l’autèntic científic. Un ideòleg patriota que pensava que tenia el deure de recompensar Barcelona amb la saviesa que havia adquirit a Europa. Segons Pérez, “Eugeni d’Ors expressa, doncs, la voluntat manifesta de diferir de Xènius en l’estil  i els mètodes emprats”.  I potser per aquest motiu, el Glosari  de La Veu de Catalunya no va recollir la matèria dels actes. El receptor també és digne de reflexió: a qui anaven dirigides aquelles paraules? No pas a un públic majoritari o mitjà, sinó a una selecció d’escollits que havien de formar part d’una avantguarda de construcció nacional.
D’Ors vivia, llavors, a París. Entre la primera part del seu curs i la segona van passar nou mesos. El que fa Ors no és altra cosa que presentar les lectures científiques que ha realitzat a París, Ginebra i Heidelberg: Bergson, James, Ribot, Pillsbury, Lange, Binet, Wundt, entre molts d’altres.
Quant al canal, ja hem dit que d’Ors va escollir un to d’alta cultura basat en l’oralitat immediata. Calia insistir-hi perquè el text recuperat traeix l’esperit original del procés creatiu, atès que es tracta d’un esquema molt desenvolupat, però totalment dirigit a un acte oratori. Finalment, Pérez posa en dubte que l’objectiu del curs orsià fos la mera transmissió científica. La seva conclusió és que les quatre conferències es van revestir d’aspectes rituals o litúrgics, gairebé religiosos, destinats a consolidar una autoconsciència col·lectiva. L’afirmació grupal d’una generació que pretenia construir una nació a través de la investigació científica i la Cultura. És la part més interessant i original del seu estudi. Ens trobem en els anys de màxima identificació d’Ors amb els projectes culturals inspirats per Prat de la Riba. Sense el context dels traumes derivats de la setmana Tràgica i la terrible tensió que es vivia als carrers de Barcelona, no es pot arribar a entendre exactament què podia significar per a un grapat de pensadors el fet de reunir-se per celebrar un seminari de Psicologia Experimental en català.
No és cert que Eugeni d’Ors prescindís de la voluntat d’autor en el seu discurs falsament científic; discurs filosòfic, en realitat. Ja ho percep qui s’endinsa en aquest breu assaig, dens i solemne. Víctor Pérez ha recuperat un bell tros de bona prosa, i de pas ens ha regalat una fotografia de l’ambient intel·lectual barceloní d’un any concret. Un ambient en què una colla de joves catalans maldava per començar a desenvolupar una cultura científica homologable amb l’europea.


Publicat a "Quadern - El País Catalunya", 28 de juny de 2018.