diumenge, 23 d’abril de 2017

Mercados de libros

A mi modo de ver, este debate está mal planteado. Por un lado, los que parecen escandalizarse de que un twitero arrase, por el otro los postmods que se sonríen ante el derribo de la Academia. En realidad, nuestros clásicos nunca fueron superventas. Algunos de ellos, por ejemplo, Góngora, no publicó un solo libro en toda su vida. Que el libro creativo, artístico y de exploración haya vendido alguna vez es falso. Nadie se enteró de Kavafis o Pound. El "Ulises" de Joyce fue una autoedición. Luego parece un horror que los escritores artísticos no puedan vivir de la escritura: ¿cuándo ha pasado eso? Cortázar era intérprete, Benet ingeniero, Cervantes recaudador de impuestos y soldado, Garcilaso militar. Unamuno, Clarín, Azorín, eran periodistas. Como Montserrat Roig, que vivía de la tele y el periódico. Verdaguer era sacerdote. Proust, asmático. Lorca solo logró emanciparse estrenando teatro en Buenos Aires. Existen diversos niveles de mercado. Me parece normal que la obra estéticamente exigente sea poco comprada. Me gustaría que vendiera más, pero no me escandalizo porque esto es algo normal. Apollinaire no arrasaba. El mejor poeta vivo estadounidense vende 300 ejemplares. Pero un libro vendido millones de veces no hace mejor su prosa o su verso. Tampoco es cuestión de calidad. Es cuestión de a quién le está hablando el autor, como Juan Benet no hablaba al mismo lector que Corín Tellado. Sencillamente, Almudena Grandes y José María Merino conviven con mensajes y objetivos diferentes. Nada más. A veces, Internet no deja vernos la pluralidad de círculos y de interlocutores. Los superventas hace siglos eran La imitación de Cristo de Kempis o las Fábulas de Esopo, o toda clase de dramaturgos y poetas ignaros. Shakespeare no pensaba básicamente en el "libro", sino en las representaciones, igual que Calderón. Tan falso es medir el éxito de un libro por sus ventas como odiar al libro ligero que arrasa. Cuando voy al cine me apetecen cosas diferentes: puedo ir a ver una de superhéroes o una reposición de Bergman: disfruto igual, aunque disfruto diferente.

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