dimecres, 2 de març de 2016

Verdades y mitos sobre el sufragio femenino


Ignoradas pero deseadas. La mujer política durante las elecciones de la Segunda República en Cataluña
Josep Lluís Martín i Berbois
Barcelona, Icaria, 2015, 175 págs.

            Se publica en español este interesante libro que fue publicado originalmente en lengua catalana el año 2013. En su interior abundan las sorpresas. Por ejemplo, el descubrimiento de que el estatuto municipal impulsado por Primo de Rivera contemplara el sufragio femenino por lo menos en teoría, puesto que no hubo elecciones, pero sí hubo procuradoras en la Asamblea Nacional corporativa impulsada por el dictador, concretamente trece de 385. Otra sorpresa es encontrarnos con frases e ideas bien desmitificadoras, que el autor fundamenta con absoluto rigor documental: “Los políticos del nuevo período democrático no tenían como prioridad la concesión del sufragio femenino y las mujeres se llevaron la primera de muchas decepciones políticas cuando quedaron excluidas de los comicios generales del 28 de junio de 1931”, o informarnos de que, en 1877, la Unión Católica había intentado extender el voto a las mujeres mayores de edad, madres de familia o viudas.
La leyenda principal que cae es que únicamente la izquierda se interesase por el sufragio femenino. En efecto, Azaña se había mostrado partidario de él antes del cambio de régimen, pero en el momento de la verdad, entre septiembre y octubre de 1931, tanto él como su partido (Acción Republicana), votaron en contra de la extensión del sufragio. Y lo mismo para Francesc Macià, temeroso de perder la condición de presidente de la Generalitat antes de que el régimen autonómico se consolidara. En cambio, otros políticos republicanos como Lluís Companys o Antoni Rovira i Virgili se mostraron favorables a la innovación sin objeciones ni limitaciones de ningún tipo.
Martín Berbois documenta con profusión la hibridación que se produjo entre el anticlericalismo y el voto femenino, que se estimó controlado por la Iglesia más ultraconservadora. También ha explicado con brillantez cómo el nacionalismo catalán, en su doble versión conservadora (Lliga Catalana) y republicana (Esquerra Republicana de Catalunya) aglutinó al feminismo catalán, mientras que los dirigentes de ERC, entonces en el poder, regatearon, limitaron, culpabilizaron y llamaron a la obediencia a las mujeres hasta que no hubo más remedio que impulsar secciones femeninas en los partidos y permitir que ejercieran el voto de manera normalizada.
            Ignoradas pero deseadas cumple a la perfección con el objeto de la buena historia, la que desmonta mitos y localiza heroicidades reales, las de intelectuales bien conocidas, como Victoria Kent, Carmen de Burgos o Clara Campoamor; pero también las de periodistas, activistas y políticas de izquierda y derecha que seguramente no sonarán en el ámbito español, como Carme Karr Aurora Bertrana, Francesca Bonnemaison, Maria Teresa Gibert o Nuria Montserrat Oromí. Exhumar los textos debidos a esas plumas semiolvidadas de la prensa de los años treinta es el mejor homenaje que se le puede hacer a las pioneras en la lucha por el sufragio femenino. En definitiva, el nuevo libro de Martín i Berbois resulta imprescindible para conocer las corrientes feministas peninsulares, que describe con rigor, en un momento histórico crucial.


Andreu Navarra Ordoño
Publicado en La Aventura de la Historia, 207, págs.86-87.

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