dijous, 3 de novembre de 2016

La Gran Guerra vista por Kipling


Rudyard Kipling
Crónicas de la Primera Guerra Mundial
Madrid, Fórcola, 2016, 16,50 euros
Prólogo de Ignacio Peyró, Traducción de Amelia Pérez de Villar


De este libro pueden sacarse dos clases de provecho: por una parte es posible disfrutar de la prosa literaria de uno de los narradores ingleses más depurados de todos los tiempos; por otra, nos permite historiar cómo funcionó la propaganda gubernamental en la prensa británica entre 1914 y 1918. Uno de nuestros más destacados britólogos, Ignacio Peyró, firma con mano maestra un prólogo claramente dividido en dos mitades: tras diseccionar cómo fue la literatura bélica desarrollada en el Reino Unido, examina a continuación las coordenadas bajo las cuales Kipling escribió, ya en su madurez, los dos folletos que hoy recupera Fórcola: Francia en guerra, de 1915, y La guerra en las montañas, de 1917, que trata de un frente menos conocido que el del norte y este de Francia: el italiano.
La primera de las crónicas es la más extensa, y su optimismo corresponde a los primeros compases de la guerra. Los soldados franceses aún visten de color azul, y se confía en la próxima aniquilación del ejército alemán, identificado con el demonio Belial, el Mal en sí mismo y la horda bárbara que ha violado los límites del Imperio Romano y la Latinidad. El horror de Verdún aún no había llegado, y para no extender el desaliento, obediente a las directrices gubernamentales, Kipling oculta hedores de muerte y cuadros demasiado desgarradores. Elogia la confraternidad militar, la valiente nación francesa, la calidad de los estofados cuarteleros y la solidez de las trincheras.
Sin embargo, el autor escribe con pulso firme, lleno de imágenes visionarias, con un estilo sin fisuras, y con una notable vocación metafísica. Para encontrar, en el ámbito hispánico, una denuncia parecida de la crueldad del invasor alemán habría que echar mano de Tierras mártires (1918), de Enrique Gómez Carrillo, cuyas crónicas fueron construidas con idéntico realismo sereno y humanístico. Esta reedición de Kipling, en definitiva, es un modelo de cómo deben presentarse los clásicos al lector medio y curioso, para que disfrute de la historia narrada por un excelente periodista.

                
Andreu Navarra
Publicado en La Aventura de la Historia, octubre de 2016

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada