divendres, 1 d’abril de 2016

Barcelona Negra


Barcelona Negra
Adriana V. López y Carmen Ospina (eds.)
Barcelona, Edhasa, 2013

            Hace dos años vio la luz este libro en Nueva York, y ahora llega a su país natal en español. Concebido como una antiguía turística de Barcelona, reúne relatos policíacos de catorce autores que sacan a la luz la cara oscura de catorce barrios de la Ciudad Condal.
            Ya nos avisan las responsables del volumen en su prólogo que en España el género negro se ha manifestado bajo la forma de narraciones historicistas que buscan airear lo que hay de negro en la sociedad actual, es decir, bucear en sus cimientos para que todos podamos comprobar la cara oscura de nuestra aparente armonía social, que barre la muerte y la delincuencia bajo la alfombra. La tesis coincide con las líneas generales del reciente volumen colectivo Historia, Memoria y Sociedad en el Género Negro (J. Sánchez Zapatero y À. Martín Escribà (eds.), Santiago de Compostela, Andavira). Y eso pasa en este caso por denunciar el clasismo de la capital catalana, describir las mentes sádicas de los elementos que se encuentran en la cúspide de la pirámide, como ya hizo Andreu Martín en Por amor al arte y lo hace aquí Barrios Altos, de Jordi Sierra i Fabra, y también por recordarnos sobre qué orgía de plomo y sangre se construyó nuestra hoy cómoda para algunos capital.
Los casos más extremos de historicismo serían los del cuento de Andreu Martín, Ley de fugas, que contrapone explícitamente el descarado progreso de la Villa Olímpica con los niños descalzos que chapoteaban en los charcos tóxicos del Poblenou de los años veinte, y “Las sombras de Brawner”, de Antonia Cortijos, que explora una negra trama de asesinos nazis incapaces de escapar de una espiral eterna de violencia.
            Andreu Martín hace valer los galones de la veteranía y firma un cuento veloz, trágico y circular. Lolita Bosch, en las antípodas del relato lineal, arma un texto experimental que se diluye sin gancho. El relato de Cristina Fallarás (espero que le vaya mejor, últimamente se la ve bastante en la tele, espero que le paguen bien) es dinámico y oralista. Santiago Roncagliolo logra un cuento inteligente basado en el ensamblaje de oscuras fantasías de una niña triste que encuentra al lobo feroz de sus sueños una noche de Carnaval, justamente el día que cumple cuarenta años.
            El balance final, si nos tomamos Barcelona Negra como un expositor del nivel alcanzado por el género negro en nuestras latitudes, es positivo pero también discreto. Destacaría Sweet croquette, de David Barba, un texto que es muchas cosas: un homenaje a la Barcelona charnega de Marsé y Vázquez Montalbán, una fantasía macabra en la que dos protagonistas quijotescos dan lugar a una siniestra elaboración de croquetas postmodernas a partir de carne humana. La ironía más despiadada se despliega en este relato protagonizado por un frustrado racista para localizar los rasgos más risibles de nuestra sociedad. 
Por lo demás, ninguna sorpresa. Ningún descubrimiento especial que merezca ser destacado. No tenemos a un Don Winslow, no tenemos a un Camilleri. Tenemos, sí, escritores capaces de construir un buen relato y conducirlo a buen puerto: ahí están para probarlo La ofrenda, de Teresa Solana, o Depredador, de Roncagliolo. Tenemos, también es cierto, narradoras que consiguen congelar su estilo para construir esa extraña poesía del acero quirúrgico de las novelas de Patricia Cornwell: Teresa Solana y Antonia Cortijos. Lo mejor, sin duda, el espíritu de la obra: por fin alguien aprovecha el laboratorio literario que es o debería ser Barcelona y reúne a escritores de tres tradiciones yuxtapuestas: catalana, española y americana, felizmente fusionables. Sin embargo, sigo pensando que a estos narradores les falta afilar un poco más el bisturí.
     

Andreu Navarra Ordoño
Publicado en Quimera en noviembre de 2013

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