dijous, 19 de febrer del 2015

Baroja, Azorín, Camba, Francisco Fuster y la gran ballena varada del 98



Publicado en Quimera, Núm.370, 2014.

Andreu Navarra Ordoño

             Echando un vistazo a las muy variadas publicaciones que vieron la luz en torno al centenario de 1998, se verificaban cierto hartazgo y cierto agotamiento respecto al comentario tradicional. La reacción, el adentrarse en las esferas abstractas de la crítica postmoderna, fue, a mi juicio, contraproducente, porque aún no sabíamos con certeza qué había pasado. La gran ballena del 98 acabó varada en una playa sin retorno. Los acercamientos acabaron agotándose porque eran sólo espejos de una densa jungla de repeticiones reelaboradas. Cuando yo estudiaba filología, pronto me di cuenta de que el debate crítico se reducía a la elección entre un par o, a lo sumo, tres banderías de críticos eminentes que acaudillaban y gestionaban una determinada parcela del saber. El trabajo previo consistía no tanto en localizar las posibles fuentes sino en seleccionar lo qe podía resultar útil en un océano, buscándole los puntos débiles a la ortodoxia.
            Esos críticos marcaban su propio territorio y se aseguraban de que en él sólo penetrara personal totalmente afín, con el que firmaban una especie de pacto feudal no escrito de adscripción a una determinada escolástica. Lo que producía que, una vez alcanzado el nivel investigador, todos los mensajes fueran: “esto ya está estudiado”, o “aquí ya no hay nada más que decir”; se debía esperar a que se muriera el propietario del autor o la época para proceder al desguace de su testamento.
            Los estudios sobre el 98 no eran ninguna excepción. Que en el año 2004 se reeditara (lo hizo Veruert) el fundamental libro de José-Carlos Mainer La doma de la quimera, vino a certificar la falta de reemplazos. Y también, a la vez, la línea a seguir. El propio Mainer (pionero en el tratamiento del fenómeno 98 desde la historia política) y los trabajos de Enrique Selva, (Pueblo, “intelligentsia” y conflicto social (1898-1923). En la resaca de un centenario, Edicions de Ponent, 1999), marcaron el camino: había que maridar la historia con la edición de clásicos y romper con los discursos solipsistas. Destruir los muros entre disciplinas. Integrar las explicaciones y superar el marco de la mera información. Buscar una nueva alianza con el lector. Reconstruir la complicidad del lector. Rebajar el protagonismo del crítico para realzar la actualidad del clásico. Desvelar los refritos, impugnarlos. Desactivar los tópicos. Aventar las contradicciones. Oxigenar las conclusiones y los procedimientos. Aligerar los aparatos críticos y añadir aumentos a la lupa del historiador de la cultura. Ya lo dejó escrito Azorín, en 1916: “En España hemos dado en la flor de hacer las ediciones populares de clásicos de tal forma que causen desagrado y molestia al público a quien se destinan”. Lo triste es que esto fuera verdad cien años después. Se sellaban una escasa nómina de ediciones escolares oficiales, y se reducía la cantidad de posibles interpretaciones a un mero reflejo de escuela.
            Así estaba la situación cuando se produjo la explosión de los trabajos de Francisco Fuster. No es de extrañar que la presa se resquebrajara gracias a un historiador. El ambiente investigador en el ámbito de la Historia lo permitía, puesto que los mensajes predominantes allí eran: “cuéntalo mejor”, o “asume la tradición, pero supérala”; en suma: “vuelve al archivo, métete en la hemeroteca”. Recupera textos. Cada generación de historiadores (y Fuster lo es, y muy joven) tiene derecho a impugnar la versión de sus maestros y predecesores, porque si no, el conocimiento no avanza, y el interés extracadémico decrece. Los vínculos se cortan, la pedantería y el aburrimiento amenazan al sistema cultural. Es bien sabido que no hay nada más efímero que un libro de historia. Y por esta razón, Fuster ha operado hasta ahora de una forma inteligente: ha conservado el poder literario del clásico, construyendo nuevos clásicos, mientras sugería en pocas palabras la orientación antiprovinciana de su pensamiento. No es casual que en su última obra, Baroja y España. Un amor imposible (Fórcola, 2014), se ocupe durante toda la parte inicial por situar a la crisis de valores barojiana no sólo en su contexto español, sino también en el debido contexto europeo, y que se haya preocupado de ir muy fuerte en sus lecturas de Freud, Jaspers, Nordau, Simmel, Spengler, Nietzsche y Durkheim, entre otros.
            Esto no quiere decir que el historiador joven caiga o deba hacerlo en la irrespetuosidad y la petulancia del recién llegado. Nada más lejos de la realidad. Nada más lejos del carácter de Fuster. De la operación de desbroce y clarificación surgen destacados los nombres de los imprescindibles: José Carlos Mainer, Rafael Pérez de la Dehesa, mientras se reclama en voz baja pero firme la exigencia de que dimitan los lugares comunes y se reinstalen en la materia el libre examen y la exigencia científica.
            La especial habilidad de Fuster para crear nuevos libros de autores que se suponían agotados o hipereditados, la han señalado dos críticos de excepción: Eduardo Moga y Andrés Trapiello. Moga escribió en su blog que “La forma de trabajar de Fuster es deliciosamente simple: elige un autor relevante, descubre o espiga textos menos conocidos u olvidados, escribe una introducción que sitúa con justeza al autor y a la obra, aporta el aparato crítico necesario -pero no más- y fija el texto como un buen árbitro: con equidad, pero sin que se note” (19 de mayo de 2014). Trapiello lo confirma en su prólogo a Libros, buquinistas y bibliotecas: “Pese a la procedencia heterogénea de estos artículos y prólogos, escritos a lo largo de sesenta años, se diría que forman un todo armónico, quiero decir que Fuster ha escrito otro libro más de Azorín”. Fuster es un recreador de textos, en el sentido wildiano: descubre, presenta, selecciona: crea. Es un crítico artista. No es un filólogo puro ni un historiador apegado a la estadística. Es un árbitro con inspiración poética y una visión muy clara de cómo debe encapsularse una porción de historia del pensamiento español. Un artista científico, como si dijéramos.

            Por supuesto no se trata del único estudioso que se ha acercado con provecho al período en los últimos años. Pero sí, sin duda alguna, es el más hiperactivo, enérgico y coherente. Justo Serna y Anaclet Pons, en su prólogo a Baroja y España, han afirmado que “es quien más rápida y certeramente dispara por estos lares”. Una observación exacta: Fuster es el único joven crítico de críticos que genera crítica. Y realmente no para, no descansa: en 2012 editó y prologó Ante Baroja (Universidad de Alicante), la reunión de todos los trabajos y reseñas de tema barojiano escritos por Martínez Ruiz, y el también azoriniano ¿Qué es la historia? (Fórcola), revolucionaria recopilación de artículos de teoría historiográfica. En 2013 editó Semblanzas, de Pío Baroja, en Caro Raggio, y este 2014 ya han visto la luz, en cinco meses, Libros, buquinistas y bibliotecas, de Azorín, en Fórcola también, la traducción de Máximas y malos pensamientos, de Santiago Rusiñol (Vaso Roto), y el ensayo que podría calificarse como su obra culminante, hasta la fecha, su Baroja y España, sobre el que vierte todo su conocimiento de la historia cultural. Sobre Julio Camba ha prologado y/o editado Alemania (Renacimiento, 2012), Maneras de ser periodista (Libros del KO, 2013),  Caricaturas y retratos (Fórcola, 2013) y Crónicas de viaje (Fórcola, 2014). En tres escasos años ha dado a la luz el trabajo que en otro hubiera ocupado diez o veinte años. Y, desde luego, no se le puede reprochar precisamente falta de espíritu de exactitud o parsimonia creativa. Lo que ocurre es que su pasión es de las auténticas, de las que perduran, de las que arden sin consumir. Porque así son los investigadores auténticos.
            En realidad, la ideas que maneja Fuster no son complicadas. Es más, yo creo que precisamente su valor estriba en la simplificación que se produce al concebir un auténtico método. Surgen de un grupo doble de hipótesis que vertebraron su tesis doctoral y sus primeros artículos especializados: considerar a Baroja como un historiador y, por otro lado, considerar sus novelas como fuentes de investigación histórica. Así, el legado de Mainer y Pérez de la Dehesa se combina con los modos de argumentar y preguntar de Chartier y Bourdieu, revisitando de un modo ordenado temas que llevaban mucho tiempo generando debate filológico o historiográfico. Por lo tanto, lo que se invalida no es la vigencia de libros como Nietzsche en España, de Gonzalo Sobejano, sino la convicción generalizada de que resulta imposible seguir avanzando. Lo que no puede ser es que las bases del estudio de nuestra literatura contemporánea sigan enraizadas en un libro de 1967, por excelente que sea, o que deban diluirse en conocimientos esotéricos. Los materiales han de remozarse, han de cambiar, han de refrescarse y contaminarse de los roces inmediatos.
            Mientras todos esos libros salían discretamente a la calle, un historiador de la talla de Ricardo García Cárcel escribía cosas como la siguiente: “El esencialismo de la generación del 98 tendió progresivamente a buscar el consuelo antropológico en la historia. Los caracteres nacionales se sitúan en el escenario de la historia para depositar la responsabilidad de lo que somos no en el fatalismo de la predeterminación sino en los condicionamientos del pasado. La historia frente a la naturaleza.” (La herencia del pasado, 2012, p. 94).  Los historiadores han rescatado a los escritores de 1900 y los han situado en el contexto necesario. Pero no para completar el acercamiento textual, al modo tradicional, sino para considerarlos un filtro a través del cual fueron construyéndose los nacionalismos y los partidismos anteriores a 1936, para señalar no sólo su excelencia literaria, sino también su representatividad como forjadores de tradiciones heréticas, revulsivos y enfoques imprevistos. Todo indica, pues, que la historia de las mentalidades, un invento que procedía de la aplicación de la antropología cultural aplicada a realidades inaprensibles para la tradición escrita, ha sido y es la palanca que ha liberado a la gran ballena del 98.


            Sigámosla, para ver a qué nuevas islas luminosas es capaz de conducirnos.


divendres, 2 de gener del 2015

Serra i Moret i nosaltres

Ara fa cinc anys, vaig començar a reunir materials per a redactar el meu llibre La región sospechosa. La dialéctica hispanocatalana entre 1875 y 1939. Aplegava, sobre tot, pensament polític català de l’època de la Mancomunitat i de la segona República. Ben aviat em vaig adonar de quin era el meu polític català predilecte, amb qui sentia més afinitat. Fins i tot vaig anar al Pavelló de la República de la Universitat de Barcelona i vaig demanar papers seus, signats per la seva pròpia mà, o retalls de premsa que li van pertànyer, que igual retallava ell mateix al menjador de casa seva, cap el 1920. I ho vaig fer per gust, no perquè necessités tanta documentació seva. Reconec que sóc una mica idòlatra, una mica fetitxista. Però hi ha vicis molt pitjors.
Quan li preguntaven a en Serra quina era la seva opinió sobre la qüestió catalana, contestava que ell era un català natural, que la vivia amb perfecta naturalitat. I que era socialista per civilitat, per imperatiu d’educació. Durant els anys de la Generalitat Republicana, el seu petit grup parlamentari, la Unió Socialista de Catalunya, va actuar com a dofí aliat d’Esquerra Republicana, però conservant l’autonomia crítica. Aquest crec que ha de ser el lloc adequat. Vigilar, pressionar, traduir (Serra traduïa Marx), estudiar, fomentar el benestar, estendre la cultura, repartir la riquesa.
Deia Rovira i Virgili que una nació que no produïa cultura ni ciència, no era nació ni res, i que no mereixia viure. Aquesta opinió seva, força radical com moltes de les seves, em fa pensar en la nostra misèria d’ara: misèria de lletres i de cultura, a més de física i material. Si tots aquells que arboraven una bandera l’11 de setembre compressin un llibre català al mes (o a l’any) farien molta més nació que amb quatre consultes seguides.
Una nació que es deixa tancar plantes d’hospitals, que acumula nens a les aules, que ha d’alimentar 1.500 infants a la beneficència en un sol barri de Barcelona, per a mi no és res. És una gran estafa, que amaga les barbaritats d’una colla de criminals que haurien de ser a la garjola. A les pintades del carrer hi llegim sovint: “Independència per canviar-ho tot”. No hi estic d’acord. Canviem-ho tot, foragitem els mafiosos catalans que ens prenen els nostres drets (tothom sap qui són, agafeu el Cafè amb Llet o aquest mateix mitjà o pareu atenció als cartells del voltant de l’Hospital de Bellvitge), i en una democràcia depurada arribem a l’acord que calgui. Arribem on calgui.
Però mistificacions, ni una. I això val també per Espanya. El doctor Marañón, que per cert va atendre en Prat al seu llit de mort, i que ens va visitar amb profit l’any 1930, construïa hospitals de la seva butxaca. Quina diferència amb ara. I em diran radical, i foll, però jo seguiré explicant anècdotes. Com la d’un amic meu, que tenia la mare amb un vessament cerebral, i que no la van atendre ni a Girona ni a la Vall d’Hebron, i que a Figueres li van dir que tornés quan se li reproduís el quadre. És a dir, quan se li reproduís per tercera vegada el vessament, la qual cosa equivalia a un assassinat. I el més esgarrifós és que aquesta persona és un home amb mitjans, un empresari força ric. Què em pot passar a mi, una mena d’historiador freelance? Quan vaig al metge amb unes angines, em donen hora per d’aquí un mes.
Parlem clar. Francesc Macià, Manuel Serra i Moret, Antoni Rovira i Virgili, Joan Comorera, els nostres referents morals d’entre 1907 i 1939, deuen estar removent-se en el sepulcre. I entre ells, a un Enric Prat de la Riba li estaria caient la cara de vergonya davant la nostra nul·litat, la nostra incapacitat. Perquè una societat que es deixa robar el benestar i la cultura no és res, per molts milions de banderes que es treguin al carrer.
Publicat a La Directa, 07-11-2014

dijous, 11 de desembre del 2014

El hombre es una mujer castrada


Pido ayuda a las mujeres (ellas lo saben bien), suelo pedir ayuda a las mujeres cuando los intentos de integrarme en un espejo pálido y ojeroso me conducen a la afirmación: “no sé nada”.
Pido reconstituirme pero se me escapan los ojos de mis cóncavas (“¡Adiós, adiós!”), tienen alas, porque mi visión ya no puede ser plural ni tampoco múltiple porque se ha disuelto en la intuición de que pertenezco a alguna oculta niebla o logia tan extraterrestre como anquilosáurida.
En este sentido, hurgo en el significado de mí mismo y no hallo la rotundidad del ser que, por otra parte, observo en el atajo inmemorial y súbito de la mujer en su fulgor.
Por lo tanto destruyo  la torpeza dinosauria de mis ejercicios narcisistas/lénticos sobre el área desmembrada de este azogue reproductor, me dispongo a contemplar a la mujer en su devenir metafóricamente puro y verbenal, dejo que mis patillas crezcan, admito que mis alados ojos pertenezcan a un felino curvo (u otro no yo), mojo mis ventrículos en un femenino seminal y me limito a aplaudir la santa nocturnidad del encuentro míxtico desde la postura menos pendular posible.


Publicado en Dulce Arsénico, 0,1: “Femenino y plural”

dimecres, 10 de desembre del 2014

"Palabras de la muerte", de Màrius Torres

palabras-de-la-muerte.jpgPalabras de la muerteMàrius Torres, (compilador)
(Prólogo de Antonio Jiménez Millán)
Editorial DVD
Barcelona, 2010.

Hace cinco o seis años, no sabría precisarlo, y tampoco importa demasiado hacerlo, se creó la primera editorial exclusivamente de bolsillo que ha ido poniendo al alcance de todos, los grandes clásicos contemporáneos catalanes, al lado de grandes éxitos extranjeros; seguramente alguien empezó a entender que la gente, en general, estudiantes o clases medias que leen en el metro, no se gastan veinticinco euros en una novela, excepto si es para un cumpleaños, por Navidad, o porque realmente el libro les parece relevante y se permiten un capricho de los de una vez al año.

El libro que reseñamos hoy responde quizás al paso siguiente: hay que sacar a pasear por el mundo a la gran literatura catalana, hay que defenderla por los cinco continentes, tanto en Frankfurt como en Madrid y en América. Y esto implica, aunque poco les guste a los no pensadores de la banderita, traducir a los grandes poetas catalanes al castellano. Pero no para adaptarlos a un contexto invasivo, ni para hacer que pierdan su esencia catalana. Es más bien al revés, lo que hay que defender es la idea de que existe una cultura nacional inequívocamente potente que parece que hable en susurros, como la húngara, arrinconada entre estados gritones, entre estados apisonadora. Porque siempre ocurre que, atrapados en las máquinas colectivas, encontramos lectores receptivos, ajenos a límites, dispuestos a paladear la gran literatura venga de donde venga.

El libro Palabras de la muerte es una traducción colectiva (quince traductores han participado en ella) publicada en motivo del centenario del nacimiento de Màrius Torres, que se propone colocar a este poeta imprescindible donde le toca, es decir, al lado de Rilke, al lado de Trakl y de Cernuda, al lado de algún que otro Rimbaud, en el tercio de los exploradores de la lucidez que recogieron los rescoldos del Romanticismo y supieron arrancarles nueva luz.

Escritor emplazado para morir durante siete años de reclusión en un centro sanitario, Torres conoció como nadie la convivencia con el horror íntimo, y de allí extrajo el zumo de su creación reveladora. Una obra creativa que deslumbra con la sordina de la reflexión estética, pues para Torres un poeta no era más que alguien que plasmaba su personalidad al margen de cualquier moda, y para eludir lo superficial es imprescindible meditar cada partícula del propio discurso.

Otra idea positiva que deberíamos celebrar: los poemas de Torres son este año, lectura obligatoria para los estudiantes de bachillerato, y circula ya una edición escolar comentada de sus mejores composiciones. Se trata de otra invitación a disfrutar de un poeta tan selecto, cuyos poemas, lo repetimos, poseen una oscura transparencia que no puede dejar indiferente a nadie.

Y por mucho que se hayan esforzado los traductores del volumen, que nos han dado la mejor de las versiones posibles, resulta obvio que la versión original es siempre la más pura, la más perfecta, porque hay un tono que es el ser del catalán metido en verso, un medio tono con el que se dicen las cosas verdaderas, el grandísimo tono menor de la verdadera metafísica. El catalán en verso es, como diría Kurtz, una punta diamantina que salta sobre los siglos y las décadas, y perfora al hombre actual venga de donde venga. Me ocurre lo mismo cuando leo a Hölderlin: no puedo hacerlo en español. Yo sólo puedo leer a Hölderlin en catalán, sólo este idioma creo que se acerca a la intención original de ese otro merodeador de abismos.

Tratad de decir lo que dice Gamoneda cambiando su léxico por palabras tópicas, por metáforas que busquen sorprender, por significados manidos: lo perderá todo. Así mismo le ocurre a Torres; es su diálogo con la nada lo que nos ilumina, su intenso debate con la muerte y su pura y limpia pasión por vivir lo que nos traslada a esa como luminosidad susurrada que le es tan característica. Su ciclo de canciones amorosas a Mahalta no puede dejar de recordarnos lo más depurado de Juan Ramón Jiménez.

Explica Antonio Jiménez Millán, en su breve y casi perfecto prólogo que lo deja todo en su justo lugar, que entró en contacto con la poesía de Torres a través de una canción de Lluis Llach, allí por los años setenta. Mi primer contacto con Màrius Torres fue, paradoja, un enorme cuadro de Guinovart que se exponía en la Pedrera. El cuadro era una algarabía alucinante, un amasijo torturado de cortes y rasguños, y a un margen del lienzo, como escrito en el frenesí de un psicópata, la siguiente pregunta escrita: “¿Ja heu llegit Màrius Torres?” Desde entonces he ido acudiendo a Màrius Torres como a una referencia ineludible para entender el mundo en que vivimos, un cartógrafo de los naufragios del siglo XX, como Trakl, autores de esos que son como chupitos de verdad que te acogotan y despiertan.

A la vez, tanto el documentado prólogo que precede a la traducción como los poemas seleccionados nos permiten explorar otro Torres, el Torres musical, el poeta postsimbolista lleno de preocupaciones sensoriales y de referencias sinfónicas, un Torres tan virtuoso como armónico.

Yo no puedo ofrecer algo parecido al cuadro de Guinovart, si es que era de verdad un cuadro, pero sí me gustaría plantear la misma pregunta que ese lienzo para mí inaugural, o servir de reclamo para que algún lector se acerque a Torres, como lo fue la canción de Llach para el prologuista, y trasladar mi entusiasmo por este maestro del rincón llamado Màrius Torres, a quien felizmente se recupera antaño.

dimarts, 9 de desembre del 2014

Entrevista a Alberto Martínez Márquez

Alberto Martínez es profesor de literatura pero tiene la mirada delcow-boy que vigila desde lejos su rebaño de reses dispersas. Es una mirada poco isleña, si se me permite, una mirada de grandes extensiones, de alta mar, de estepa o tundra. Dirige el Departamento de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla, y no dudo de que es el director de departamento que todos hemos soñado tener: cachondo, hospitalario, dadaísta, exigente, detallista, tranquilo, modesto. Me consta que el paisaje que le rodea le suscita profundos sentimientos. Se trata de un poeta inquieto, metido en un cuerpo de boxeador.

Naciste en 1966 en la ciudad de Bayamón. ¿Qué significa para ti y para los puertorriqueños este lugar?Bayamón para mí es muy importante, no sólo porque es el lugar donde nací y pasé una parte significativa de mi vida, sino porque constituye el topos genésico de mi poiesis. Mis temas principales: el tiempo, la muerte, la angustia existencial, el pólemos y la ciudad, nacieron esencialmente de mi experiencia bayamonesa durante la mediana adolescencia.  Esta ciudad, con su eterno problema de congestión de tránsito (el famoso ‘tapón bayamonés’) y su mezcla abigarrada de espacios y seres urbanos, ofrece una fuente inagotable de creación. Aparte de la opresiva urbanidad que representa para la mayoría de los puertorriqueños, considero a Bayamón una sublime experiencia de lo demónico.

Tu poesía ha sido calificada de “deconstrucción del cosmos” y “acto ludista”. ¿Cómo definirías tu poética, si es que la tienes, la has tenido o la pretendes?Mi poética es en sí un re-nombrar de las cosas, un re-descubrir el yo interior del sujeto confrontado con su lebesnwelt o mundo de la vida.  Entenderla como una “deconstrucción del cosmos”  es también verla como una poética que tiende a develar las realidades ulteriores que subyacen en la el diario vivir y en el plano de la consciencia. No creo que mi poesía sea un acto lúdico en sí misma, pero sí está compuesta en ocasiones de instancias lúdicas, del mismo modo que posee instancias agónicas, donde la palabra se encuentra en constante lucha con los significados. Por eso hay en mi poesía eso que denominaría  “valor de estremecimiento.” Por eso, yo pretendo sacudir, más que complacer. 

Tanto Las formas del vértigo (Isla Negra, 2004) como Frutos subterráneos (Isla Negra, 2007) son colecciones de libros. ¿Por qué operas de este modo y no publicas tus cuadernos de forma asidua e independiente?La publicación de mis poemarios formados a su vez por poemarios o cuadernos de poesía autónomos, es un proyecto cronológico que me propuse. Cada uno de esos libros está compuesto por un conglomerado particular de colecciones de poemas, escritos en determinado periodo y en un determinado lugar (o varios lugares). Comencé con la publicación de Las formas del vértigo, escrito en Bayamón y Río Piedras, porque entendía que se trataba de unos conjuntos de poesía madura y lograda. Ese primer poemario registra mis años de formación consciente como cultor de la palabra y mi participación activa en la escena literaria de mediados y finales de la década de 1980.  De ese período destaca mi participación en el colectivo-revista Tríptico, del que fui miembro fundador, que fue tuvo un rol cardinal en la consolidación de la Generación de los ochenta en Puerto Rico. Ése es el contexto que enmarca la producción de este poemario que estaba pautado para publicarse en 1990 bajo el sello de Tríptico, y por razones de variada estirpe vino a salir en el 2007, afortunadamente bajo la editorial Isla Negra. 

Escribí Frutos subterráneos cuando residí en los Estados Unidos por espacio de cinco años (1990-1995).  El libro no es una de esas “memorias” del exilio voluntario o un registro de la experiencia latina en suelo estadounidense a la que usualmente está supeditada gran parte de la literatura escrita por personas de ascendencia hispana. Frutos subterráneos está más allá de las circunstancias representacionales y el signo identitario. Se trata de una colección de cuatro cuadernos que trabaja el tema del desarraigo y el pólemos del yo bajo otros códigos y otros lenguajes menos convencionales y mercadeables. 

Publicar de esta forma cronológica no ha afectado la vigencia de midichtung  poético, de mi escritura. Ha sido interesante ver cómo muchos poetas más jóvenes que yo se han acercado a mi poesía. Incluso, lectores tan diversos se me han acercado para decirme que mi poesía les atrae por la diferencia que porta con relación a otros modos actuales de hacer poesía. 

¿Crees que ganar el Premio Pen Club de Puerto Rico te consagró? ¿Eres consagrable?Más que consagrarme, el Premio del Pen Club ayudó a validar a una generación de poetas que los críticos e historiadores de la literatura más notables de mi país estaban renuentes a aceptar. El límite volcado: antología de la Generación de poetas de los ochenta, que publiqué en colaboración con Mario R. Cancel, y que recibiera el premio a la mejor antología del año 2000, fue un trabajo arduo; puesto que no es tarea fácil reunir a una treintena de poetas tan disímiles. También fue un trabajo arriesgado, porque la mayor parte de los poetas incluidos eran, hasta ese momento,  prácticamente desconocidos para gran parte de los críticos y de los lectores. Un caso notable es el de Edgar Ramírez, que venía publicando en revistas universitarias desde finales de los años 70.  La publicación de El límite volcado proporcionó una mayor exposición a los poetas ya conocidos como Edgardo Nieves Mieles, Mayra Santos Febres y Rafael Acevedo y catapultó a desconocidos como Kattia Chico, Edgar Ramírez Mella, Eduardo Lalo e Iván Figueroa, entre otros. El premio del Pen Club fue una manera de reconocer a esa generación perdida y soterrada que éramos los del 80. 

Sobre si soy consagrable o no, es algo que determinará el tiempo. Yo sólo aspiro a escribir bien y dejar una huella en la historia literaria de mi país. Hasta la fecha, me complace compartir con muchísimos poetas puertorriqueños de generaciones anteriores a la mía y con los poetas más jóvenes. En ese compartir nos consagramos todos. 

En tu apartamento guardas unos curiosos libros-objeto que confeccionas tú mismo. Cuando recitas en público sacas uno de esos enormes libros y parece que amenazas hasta a los dioses. ¿Cómo se te ocurrió? ¿Crees que un buen poeta ha de ser un buen performero?Por mucho tiempo guardé libros-objetos de otros. Tengo libros del chileno Juan Luis Martínez, del dominicano Pastor de Moya, del guatemalteco Francisco Nájera y de los puertorriqueños Joserramón Melendes y Mayda Colón. Esos son libros-objeto bien pensados y confeccionados. 

Mis libros-objeto, en cambio, son demasiado ordinarios, malformados, y carecen de artisticidad, si se me permite el neologismo. Son adefesios enormes y grotescos. Me fascina esta informidad.  En los recitales de poesía llaman mucho la atención por su tamaño y su forma, al igual que los títulos que llevan y los objetos que están adheridos a ellos. Se me ocurrió la idea de prepararlos cuando mi querido amigo y camarada poeta, Pastor de Moya me regaló en la Feria del Libro de Santo Domingo de 2001, un ejemplar de Alfabeto de la noche, que es un libro confeccionado a mano. Como nota interesante, una vez pegué de la contraportada del más grande una serie de informaciones sobre antidepresivos para adolescentes y me llevé el libro para un recital con unos poetas españoles, éstos terminaron arrancando la información del medicamento. Acabaron con la contraportada y tuve que rehacer el libro.

A mí me encanta leer poesía y creo que un buen poeta que sabe leer bien su poesía puede llegar a recrearla performativamente. El performace ofrece al espectador una dimensión distinta y alterna de lo que es una lectura silenciosa o de una simple lectura oral, porque su dinámica excede la palabra dicha. Los gestos, las entonaciones, las inflexiones, los actos, las miradas, los silencios, todo ello hace que el poema se transmute en un signo que se multiplica. 

¿Qué crees que le falta o le sobra a la literatura puertorriqueña actual?Faltar o sobrar en una literatura es algo relativo. Al menos en términos de la actual producción literaria en Puerto Rico me parece que aquél exceso de temas sobre la identidad nacional ha comenzado a mermar (por fortuna). Por lo tanto, entiendo que la dinámica cultural a través del tiempo va regulando los temas y las formas. 

Lo que puede suceder es que le falte o le sobre algo a los autores que hacen literatura. Creo firmemente que a muchos escritores les hace falta conocer más de su propia tradición literaria. Una parte significativa de la literatura nacional está en el abandono. Hay libros que merecerían la pena reeditarse. La obra de un gran novelista y poeta como lo fue José de Diego Padró, quien fue un antipoeta avant la lettre. De igual manera, la poesía de Carmen Alicia Cadilla o de Julio César López.  Los cuentos de Josemilio González nunca se han recogido en un volumen y los de Violeta López Suria duermen el sueño de los justos. Gran parte de los escritores noveles desconocen la gran literatura nacional que le precede. Me da vergüenza reconocer este hecho. 

¿Hay algo que te desagrade de Puerto Rico?Me desagrada el culto excesivo al consumismo, derivado del sistema de dependencia colonial, y la extrema violencia que arropa al país. Ésta última está acabando con toda una generación de jóvenes varones. 

¿Qué música escuchas?Me gusta la Salsa, el Jazz, la música brasileira en todas sus manifestaciones y la música lounge. En estos momentos estoy, como dicen en la calle, “jukiao”  con la música lounge en sus variantes de downtempo, broken beat, chill out, house, chill house, etc. Me parece una música muy elegante y edificante.  He tenido deseos, incluso, de convertirme en disk jockey e ir a clubes para difundirla. 

¿Por qué te atrae la obra de Álvaro Cunqueiro?La obra de Cunqueiro me atrae terriblemente por su uso del anacronismo. Me recuerda un poco las novelas “históricas” del puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá. En Cunqueiro se da cita toda una amalgama de personajes exóticos. Su trabajo con el lenguaje también expresa ese anacronismo, tanto en gallego como en español. Una de mis novelas favoritas es, sin lugar a dudas, Un hombre que se parecía a Orestes. Lo que me fascina de esta novela es que la venganza no puede consumirse. Orestes ha gastado su vida fraguando una venganza que ejecutarla luego no tiene mayor consecución. Otra novela de Cunqueiro que me gusta es Cuando el viejo Simbad regrese a las islas. De igual manera, disfruto las historias de otro insigne gallego, Rodríguez Castelao.  

¿Qué piensas de España y su cultura?Habría que hablar de todas las Españas de España e igualmente de las culturas españolas. No he tenido la fortuna de viajar a España (claro, no he viajado ni siquiera a Europa). Lo que conozco de España es por lo que he leído en revistas, libros e internet y por lo que he visto en videos y la tele. Tendría que dividir mi contestación, hablando de la música, la literatura, el arte y el cine, que es lo que me interesa sobremanera. 

En la música está Joaquín Sabina, que es un ídolo para mucha gente en Puerto Rico. Pero también me gusta Pedro Guerra e Ismael Serrano por la letra de sus canciones. Hace un par de años un compañero profesor me trajo un disco de un grupo llamado  los “Mojinos escozíos,” que me parece que son andaluces. Me fascinaron por su irreverencia. Por otro lado, siendo la música lounge mi predilecta, me agrada mucho escuchar las colecciones de esta música que se presenta en Ibiza. 

Sobre la literatura, es tanto lo que podría decir que llenaría un tomo enciclopédico. Me limitaré a mencionar algunos nombres relevantes. La literatura del Al-andalus, particularmente a Ibn Arabi e Ibz Zaydún, que fueron grandes poetas e intelectuales de su tiempo, me atrajo por lo sensual de la palabra. Del Siglo de Oro destaco a Góngora, a Quevedo y a Cervantes, quienes forjaron un lenguaje distinto en sus respectivos géneros. Los primeros dos influyeron mucho en mi poesía inicial. De ahí salto a finales del siglo XIX con Miguel de Unamuno y Antonio Machado, que fueron son figuras del período que aún releo. De igual modo, disfruto la poesía de Juan Ramón Jiménez y de poetas del 27 como García Lorca, Aleixandre y Cernuda.  Es preciso mencionar a J.V. Foix, Josep Carner, Joan Brossa, José Hierro, Valente, Félix Grande y Pere Gimferer, creadores de una poesía muy original y versátil. 

Sobre el cine, me gustan las películas de Buñuel, Almodóvar, Vicente Aranda y Alex de la Iglesia, que han destacado por romper con los convencionalismos.  Sobre el arte español menciono a tres grandes pintores de la abstracción que me seducen grandemente: Joan Miró, Antoni Tapiès y Esteban Vicente.   

Háblanos de tu etapa como doctorando en Stony Brook. ¿Qué puede aportar o cercenar una estancia en Estados Unidos?El tiempo que cursé estudios en el Departamento de Estudios Comparativos la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook fue muy revelador para mí por varias razones. Primeramente, como estudiante de literatura comparada tuve la ocasión de adentrarme en unas zonas de la teoría crítica que ayudaron a expandir mis horizontes interpretativos. Tuve excelentes profesores como Román de la Campa, Louise Vasvari y Krin Gabbard.  En segundo lugar, como creador, pude acercarme más a escritores y escritoras de todas partes, tanto de Hispanoamérica, como del mundo entero. De manera que se me hizo relativamente fácil acceder a los poetas surrealistas argentinos y chilenos, de los cuales había podido leer algo mientras me encontraba en Puerto Rico. No obstante, ya no se trataba de muestras antológicas, sino de la obra completa de esos escritores. Del mismo modo, pude acceder a gran parte de la obra de poetas y narradores brasileños y portugueses, particularmente la obra de Carlos Drummond de Andrade y de Fernando Pessoa. En tercer lugar, durante mi estadía en Stony Brook, además de la poesía, tuve tiempo para el escribir narrativa y teatro. Para ese tiempo, el narrador peruano radicado en Nueva York, Isaac Goldemberg, me publicó un relato en la revista Brújula/Compass.  

Mi estadía en los Estados Unidos aportó muchísimo a mi enriquecimiento cultural. Descubrir diversas manifestaciones de la cultura estadounidense en el área de las artes plásticas, la música, la literatura y el cine es un estímulo al deseo de comprender una nación con la que existe una relación de domino colonial en mi país. Ver otro aspecto de esa cultura, más allá del deseo de rechazo o asimilación, es más que saludable. Al mismo tiempo, esa experiencia de estudios me ayudó a mirar mi puertorriqueñidad desde la distancia. Ciertamente amplió mis perspectivas en la valoración de lo propio. 

¿Qué es para ti Aguadilla?Aguadilla es el lugar donde he encontrado mi habitar, en el sentido que le confiere Heidegger. Es mi centro, vivencial y espiritualmente. 

¿Qué te sugieren los siguientes nombres?APOLLINAIRE: entusiasmo
CÉSAR VALLEJO: pesimismo
CANTINFLAS: nostalgia
MADONNA: comodificación
HUGO CHÁVEZ: sentimientos mixtos
DERRIDA: deconstruirme
JOSÉ LIBOY: desconocerme
HERNÁN CORTÉS: soberbia
ISABEL LA CATÓLICA: mala leche
KARL MARX: praxis
PAUL AUSTER: desnudar la ciudad
PABLO NERUDA: poetizar al máximo
TRISTÁN TZARA: aventura
ANDRÉ BRETON: soñar
NIETZSCHE: criticidad
RUBÉN DARÍO: aburrimiento
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: éxtasis

Añadiré dos nombres:

PESSOA: universo
JULIO CÉSAR LÓPEZ: minimalismo puro

Si menciono a este último es porque fue mi gran mentor poético, entusiasta de mi poesía y maestro en el arte de la brevedad. 

Para terminar: ¿Qué le dirías a un alumno joven que hubiera perdido la fe en los libros y las palabras?Le diría que lea lo que nadie le ha permitido leer o sobre aquello que le fascine. Si es un alumno joven que hubiese deseado ser escritor y haya perdido toda esperanza en los libros y en las palabras, le diría que falta mucho por escribir porque el comienzo de un escritor siempre viene a través de lo que lee. Yo acuñé un aforismo que he referido en algunas entrevistas y lo repetiré aquí: Todo escritor es la suma de sus lecturas. 

Muchas gracias por tus respuestas. Esperamos que muy pronto te decidas a seguir publicando tu obra y por fin visites Europa, donde se te necesita.

dimarts, 2 de desembre del 2014

Entrevista con Marian Raméntol


Marian Raméntol (Barcelona, 1966) cuenta con una trayectoria de diez libros publicados. Ha ganado infinidad de premios literarios, tantos que no cabrían en este breve párrafo introductorio. Por su contundencia y su mundo de ricas metáforas en los últimos años han destacado libros como Con mi nombre doblado sobre la cama(2011, Premio Nacional de poesía Acordes) o Los muñecos diabólicos de mi caja de pájaros (2010, Premio Vicente Núñez). Su poesía frondosa y torrencial, visionaria y volcánica, contrasta con su carácter exteriormente ordenado.  Marian nos hablará de sus proyectos presentes y futuros.
1.- Andreu Navarra: Bienvenida a Periódico de Poesía. Desde que, en el año 2005, publicaste La noria del festejo, ¿se han operado cambios o evoluciones sustanciales en tu forma de escribir?
Marian Raméntol: Ante todo muchas gracias, Andreu, por invitarme a Periódico de Poesía, para mí es todo un placer y un honor.
Con referencia a tu pregunta te diré que, efectivamente, cambios han habido y muchos. Quizá el primero de ellos recayó en una cuestión de "quitarse el corsé". Me explico: en mis inicios poéticos una de mis  referencias más directas fue Góngora, las hipérboles y el oscurantismo del léxico por aquel entonces  me provocaban chiribitas en los ojos y mi experimentación iba dirigida hacia la textura de las palabras, su peso, su sonoridad, su tacto, en fin, que no era lo mismo decir “cinturón” que “tahalí". Pero ese anclaje gongorino que yo tanto disfrutaba tenía sus inconvenientes, como por ejemplo, el inmovilismo  o anacronismo conceptual. Con la llegada a mi vida de poetas como Huidobro y Girondo todo cambió. Con ellos no valen corsés, así que decidí quitármelos. Y así empezó toda una larga etapa en la que  no sabría decirte a qué ingrediente poético le otorgaba mayor protagonismo, si a la palabra o a la imagen.  La palabra en mi poética era, la mayoría de las veces, el mero útil que utilizaban las imágenes para emerger y manifestarse, para conducir la expresión del sentimiento, a veces de manera casi visual, hasta el corazón del poema, allí solían tomarse un pequeño respiro, para continuar con su discurso plástico hasta el final. Mi relación personal con las metáforas era tan estrecha, que no podía concebir mi palabra sin ellas.  Huidobro y Girondo   fueron mis "hechiceros poéticos" y me hicieron entender que las "mujeres con pechos de higo" podían tener una  tremendísima y horrible belleza y que las flores podían crecer al revés, por lo que a partir de entonces, una centrifugadora pasó a ser  tan válida como cualquier lienzo en blanco (o incluso más), para decir, gritar o voltear todo tipo de verdades.  Actualmente sigo balanceándome entre la imagen y la palabra, aunque creo que he conseguido un sutil equilibrio entre continente y contenido, entre el grito y el modo de gritar.

2.- Andreu Navarra: ¿Sigues una poética consciente o escribes en caliente, cogiendo al toro por los cuernos, y luego te enfrentas con el resultado?
Marian Raméntol: Ni lo uno ni lo otro. La poesía es caprichosa en muchas ocasiones, a veces me asalta un verso mientras duermo, y debo despertarme para apuntarlo rápidamente antes de que se disipe en mi mente y lo pierda para siempre (lo cual es tremendamente molesto porque luego no puedo conciliar el sueño nuevamente). Otras veces me dejo imbuir por cuanto escucho o me sucede, desde una conversación en el autobús, o en la cola de supermercado, hasta la sensación que me provoca un atasco en la ciudad o el toque de sirena de una ambulancia o el visionado de una película,  todo me sirve, todo me provoca, todo lo apunto. Esos apuntes no son todavía un poema, claro que no, pero lo serán más tarde, cuando me ponga ante ellos y los trabaje, los retuerza, los vista y los desvista, los pinte o los decolore; cuando sea capaz de oír su respiración. Así que bien pensado, y volviendo a tu pregunta, en vez de "ni lo uno ni lo otro" debería haber respondido "tanto lo uno como  lo otro".

3.- Andreu Navarra: Por lo que has ido publicando últimamente en distintas revistas y por el proyecto que anuncias escrito junto a Cesc Fortuny  has empezado a cultivar la poesía en catalán con intensidad. Incluso he leído un poema tuyo dedicado a Gamoneda en catalán, lo que indica una promiscuidad de tradiciones a priori  interesante. Cuéntanos algo de este punto de inflexión.
Marian Raméntol: El catalán es mi lengua materna, y aunque mi andadura poética hasta la fecha es mucho más prolífera en castellano, yo sentía que le debía algo a esta hermosa lengua y a mí misma. Si me he atrevido a escribir poemas en otros idiomas con los que nada "sanguíneo" me une ¿por qué no iba a hacerlo en mi lengua natal? Ya que tengo la suerte de ser bilingüe, es casi un "deber" no desaprovechar esta circunstancia. La experiencia, además, de poder trabajar con texturas léxicas tan diferentes es todo un lujo del que no me quería privar. Las referencias poéticas, sin embargo, sí son las mismas en ambos idiomas, es decir que si Vicent Andrés Estellés me inspira, lo hace indistintamente de la lengua en la que yo esté escribiendo en ese momento.

4.- Andreu Navarra: En el año 2012 fuiste traducida al estonio. Explícanos algo de los pormenores de aquella experiencia.
Marian Raméntol: La verdad es que fue todo UN REGALO (así, en mayúsculas). Por mediación de un buen amigo-amante empedernido de la cultura y todo un activista cultural- Albert Lázaro Tinaut, algunos libros míos fueron a parar a manos de Jüri Talvet (Doctor en Literaturas Occidentales por la Universidad de Leningrado. Catedrático de historia de la literatura occidental en la Universidad de Tartu y Presidente de la Asociación Estonia de Literatura Comparada) quien decidió incluir una amplia selección de poemas traducidos por él mismo en una edición bilingüe editada por la universidad de Tartu. Nunca tendré gracias bastantes para tanta generosidad. Su escrupuloso mimo para con la palabra, su esmero y cuidado por su fidelidad al original, los matices, el rigor extremo, en fin, yo creo que quiso traducir hasta los olores, y aunque yo, lamentablemente, no sepa estonio, tengo convencimiento pleno de que lo consiguió. Además tuve la oportunidad de conocerle personalmente, y su calor y buena disposición hicieron de esta experiencia algo imborrable. 

5.- Andreu Navarra: ¿Qué es “Bluesía”?
Marian Raméntol: "Bluesía" es una apuesta más por la fusión, por la búsqueda del lenguaje único, por la expresión del individuo mediante la música y el grito. Entendiendo la música no como un mero "marco" para la voz si no como parte intrínseca de ésta sin posibilidad de disociación. Es un campo de experimentación en el que llevamos trabajando desde hace ya tiempo con Cesc Fortuny i Fabré y en el que hemos realizado diversos trabajos que incluyen pintura,  video-arte, performance,  música experimental, o como en este caso en concreto, el blues  y la poesía.
En "Bluesía"  el llanto por el dolor existencial hace equilibrios sobre bases de blues tradicional de la segunda y tercera década del siglo XX. Las guitarras y las armónicas se quejan o gritan directamente, para mantener un gesto solidario con la palabra, que se rebela en todos los planos contra la hipocresía universal y el consumismo característicos de nuestro tiempo. Su ejecución corre a cargo del grupo OxímoroN, integrado por Cesc Fortuny i Fabré, Jaume Vendrell y yo misma.

6.- Andreu Navarra: ¿Qué proyectos te ocupan ahora?
Marian Raméntol: A parte de la plataforma "La Náusea" que incluye la revista semanal, la sección de noticias, la sección mensual en catalán, los servicios literarios, la editorial, la discográfica así como una galería de arte virtual, y que sigue mutando y evolucionando para ofrecer nuevas secciones en un futuro próximo, como una radio de programación mensual, estoy centrada en la publicación del libro en catalán que mencionábamos antes y otro poemario en castellano que saldrá en el 2014.
Paralelamente, tengo entre manos la creación de un libro de artista, y como toda "creación" lleva su ritmo propio. Y aunque ya empieza a tener forma y peso, aún queda mucho por hacer.
En el ámbito musical junto con Cesc Fortuny i Fabré y nuestro proyecto de "ritual drone" O.D.I., estamos trabajando con la banda sonora de largometrajes. Y en otros ámbitos, también estamos inmersos en la creación de guiones literarios para cortos.

7.- Andreu Navarra: ¿Has pensado alguna vez dedicarte a la prosa?
Marian Raméntol: Algo tengo escrito y publicado en la red, algunos relatos cortos y otros de género epistolar, hasta tengo escrita una novela corta que también publiqué por capítulos en la red, pero de eso hace ya tiempo y la verdad es que, básicamente,  escribo poesía.

8.- Andreu Navarra: ¿Cómo ves el panorama de la poesía catalana actualmente?
Marian Raméntol: No quisiera herir la sensibilidad de nadie, y probablemente me quede todavía un mundo entero por leer para poder reafirmar mis impresiones iniciales, pero me da la sensación de que la poesía catalana se ha quedado un poco anclada en Espriu, grandísimo poeta, por supuesto, pero creo que deberíamos hacer un esfuerzo por desprendernos de lo ya dicho, de lo ya experimentado y sin minimizar en absoluto la grandeza de nuestros "padres poéticos"  avanzar con "sangre" renovada. Hasta con el propio idioma deberíamos hacer un esfuerzo y romper con la pulcritud de las formas, atrevernos a romper el significado original de las palabras para reinventarlas, para dotarlas de nuevas dimensiones. Echo de menos precisamente eso en los poetas catalanes que escriben en catalán, aunque como ya he dicho antes, debo investigar todavía mucho, y  tengo la esperanza de que estas impresiones iniciales sean fruto única y exclusivamente de mi ignorancia.

9.- Andreu Navarra: ¿Cuáles son tus poetas tutelares, en caso de que los tengas?
Marian Raméntol: Los tengo, los tengo. Ni qué decir cabe que los ya mencionados Huidobro y Girondo ocupan una posición estelar, pero también me han influido mucho poetas como Panero (Leopoldo), Montalban,  Rosales, Gallego Ripoll, , Irazoki o Moga, entre otros. Toda lectura es motivo de estudio por mi parte, por lo que en todo autor encuentro cosas que aprender, así que en realidad y para ser honesta, el elenco  debería ser, mucho, muchísimo más largo y además no tendría fin, puesto que mientras sigan llegando nuevos libros  a mi mesa de trabajo- y espero que así sea mientras me quede vista para devorarlos- el círculo de influencias muta y se renueva.

10.- Andreu Navarra: Cuéntanos lo tuyo con Luis Rosales.
Marian Raméntol: Mmmm, una bonita -aunque no bien vista por muchos- historia de amor. Cayó en mis manos El náufrago metódico y, desde el primer momento, se estableció un vínculo adictivo hacia este poeta capaz de estremecerme de principio a fin, su profusión de imágenes bellísimas y el trato delicioso de la figura de su madre y de la muerte,  le otorgó una posición indiscutible entre mis lecturas de cabecera, tanto fue así, que acabé escribiendo un poemario en su honor que fue galardonado con el XVIII Premio Acordes de Poesía.  En alguna ocasión me han preguntado (horrorizados)  que cómo se me había ocurrido dedicarle un poemario a un personaje relacionado con la falange, por más amigo de Lorca que fuera, a lo que yo no he podido contestar otra cosa que, cualquier poeta- sea cual sea su posición social o tendencia política- que sea capaz de escribir versos como: "La vida entera cabe dentro de un odio", "La nieve es un esfuerzo", "me pesa en los hombros la estrechez de la tierra" o "le temblaba de impaciencia todo el cuerpo en los labios", por poner tan sólo un brevísimo ejemplo, se merece todos los poemarios del mundo.

11.- Andreu Navarra: ¿Qué le dirías a un jovencito de 15 años que tuviera la desgracia de parecer un poeta de verdad?
Marian Raméntol: Hace tiempo, un poeta me dio dos grandes consejos: "Mantente siempre en el camino del medio, ni muy arriba ni muy abajo" y "Existen tan sólo tres máximas para escribir bien: leer, leer y leer". Nunca lo he olvidado, y creo que yo también los compartiría y no tan sólo con jovencitos de 15 años. El resto es empeño, trabajo y por supuesto, disfrute (o dolor, o rabia, o...).

12.- Andreu Navarra: ¿Qué lees últimamente? ¿Qué te interesa de
dentro y de fuera del país? ¿Algún día escribirás una gran novela-río en plan Lezama o Tólstoi?
Marian Raméntol: Los autores que en estos momentos ocupan mi mesa de trabajo son Gamoneda y Margarit, aunque eso no quiere decir que mañana compartan mi escritorio con tres poetas más, nunca pongo reparos a abrir un libro de poemas, otra cosa será que su lectura me atrape lo suficiente como para que el libro acabe con las tapas arrugadas y descoloridas o no. La verdad es que aunque tengo tendencia hacia la poesía, me interesa todo tipo de literatura, sin atlas ni fronteras, si me dan un buen libro, lo disfruto.
¿Que si escribiré algún día una gran novela? pues hombre, en plan Lezama o Tólstoi ya puedo decirte sin miedo a equivocarme que no, para eso se necesita ser muy grande y no voy a tener vidas suficientes para crecer tanto. Y en un plan más modesto, pues no lo creo, aunque descartarlo por completo tampoco lo haría, nunca se sabe los derroteros por los que podemos acabar caminando.

13.- Andreu Navarra: Nada  más por nuestra parte. Ha sido un placer tenerte con nosotros y puedes decir lo que se te antoje en el espacio subsiguiente. Sólo decirte que no cejes nunca en tus empeños.
Marian Raméntol: Muchísimas gracias, Andreu, también para mí ha sido muy grato estar con vosotros.
¿Sabes? son muchas las cosas a las que estaría dispuesta a renunciar en esta vida, pero a la escritura... no, no sería capaz.
Y aprovechando tu amabilidad, me despido con un poema: 
VUELVES A MORIR CONMIGO DENTRO
Vienes desnuda sobre el agua a imaginarme 
como tú, horizontal y rota bajo la noche,
con el aire tambaleándose en los párpados
 
de este charco inmenso que nos rubrica.
Aun tienes el poder de la humedad 
sobre mi cuerpo, con el dolor
 
adelantado en el cañizo calcáreo
que me sostiene, crujes mis incendios,
 
me masticas
y haces de mi sangre un sueño hundido.
Te suenan los brazos y me asoman 
a tu milagro,
me destejes para ovillar el viento
 
y morírteme encima, y yo no puedo
 
mutilarme más, ni abrir más mis bordes,
no puedo escupir el infinito que no cabe en el día,
ni distraer la hierba de tu tumba
 
con el verso cerrado de un libro.
Vuelves a morir conmigo dentro y los labios
del mundo nos silabean,
 
nos bebemos la luz bajo la carne
mientras tu nombre me sube por los ojos,
se despliega respondiendo
 
al calor de mi mejilla
y llora infiernos azules
 
sobre el claustro de mi pecho.

Publicado en Periódico de Poesía, Núm.62.