dimecres, 2 de març del 2016

Verdades y mitos sobre el sufragio femenino


Ignoradas pero deseadas. La mujer política durante las elecciones de la Segunda República en Cataluña
Josep Lluís Martín i Berbois
Barcelona, Icaria, 2015, 175 págs.

            Se publica en español este interesante libro que fue publicado originalmente en lengua catalana el año 2013. En su interior abundan las sorpresas. Por ejemplo, el descubrimiento de que el estatuto municipal impulsado por Primo de Rivera contemplara el sufragio femenino por lo menos en teoría, puesto que no hubo elecciones, pero sí hubo procuradoras en la Asamblea Nacional corporativa impulsada por el dictador, concretamente trece de 385. Otra sorpresa es encontrarnos con frases e ideas bien desmitificadoras, que el autor fundamenta con absoluto rigor documental: “Los políticos del nuevo período democrático no tenían como prioridad la concesión del sufragio femenino y las mujeres se llevaron la primera de muchas decepciones políticas cuando quedaron excluidas de los comicios generales del 28 de junio de 1931”, o informarnos de que, en 1877, la Unión Católica había intentado extender el voto a las mujeres mayores de edad, madres de familia o viudas.
La leyenda principal que cae es que únicamente la izquierda se interesase por el sufragio femenino. En efecto, Azaña se había mostrado partidario de él antes del cambio de régimen, pero en el momento de la verdad, entre septiembre y octubre de 1931, tanto él como su partido (Acción Republicana), votaron en contra de la extensión del sufragio. Y lo mismo para Francesc Macià, temeroso de perder la condición de presidente de la Generalitat antes de que el régimen autonómico se consolidara. En cambio, otros políticos republicanos como Lluís Companys o Antoni Rovira i Virgili se mostraron favorables a la innovación sin objeciones ni limitaciones de ningún tipo.
Martín Berbois documenta con profusión la hibridación que se produjo entre el anticlericalismo y el voto femenino, que se estimó controlado por la Iglesia más ultraconservadora. También ha explicado con brillantez cómo el nacionalismo catalán, en su doble versión conservadora (Lliga Catalana) y republicana (Esquerra Republicana de Catalunya) aglutinó al feminismo catalán, mientras que los dirigentes de ERC, entonces en el poder, regatearon, limitaron, culpabilizaron y llamaron a la obediencia a las mujeres hasta que no hubo más remedio que impulsar secciones femeninas en los partidos y permitir que ejercieran el voto de manera normalizada.
            Ignoradas pero deseadas cumple a la perfección con el objeto de la buena historia, la que desmonta mitos y localiza heroicidades reales, las de intelectuales bien conocidas, como Victoria Kent, Carmen de Burgos o Clara Campoamor; pero también las de periodistas, activistas y políticas de izquierda y derecha que seguramente no sonarán en el ámbito español, como Carme Karr Aurora Bertrana, Francesca Bonnemaison, Maria Teresa Gibert o Nuria Montserrat Oromí. Exhumar los textos debidos a esas plumas semiolvidadas de la prensa de los años treinta es el mejor homenaje que se le puede hacer a las pioneras en la lucha por el sufragio femenino. En definitiva, el nuevo libro de Martín i Berbois resulta imprescindible para conocer las corrientes feministas peninsulares, que describe con rigor, en un momento histórico crucial.


Andreu Navarra Ordoño
Publicado en La Aventura de la Historia, 207, págs.86-87.

Professor Navarra

Quan feia poques setmanes que impartia classes de llengua i literatura a nois de secundària, Andreu Navarra va quedar garratibat per la mirada d’una noia a una sessió de comprensió lectora. Ho ha explicat a un article que acaba de publicar al digital La Directa. Un article de lectura obligada per a pares i fills, mestres i qualsevol persona decent que cregui i es preocupi pel paper central de l’educació en una societat amb problemes com en té la nostra. Amb els ulls, aquella noia demanava al seu mestre, si us plau, que la deixés airejar-se, una estona de tranquil·litat. La mereix. És aplicada i bona estudiant, però ha de passar-se hores a classe suportant conductes barroeres i racistes d’una tropa d’adolescents que escupen la ràbia que acumulen quan surten de l’institut i la seva circumstància els va corcant la consciència. Perquè ells, que tampoc la mereixen, creixen en una realitat davant de la qual la ràbia és la reacció natural. Però el professor Navarra, que ha arribat a secundària amb una vocació a prova de bomba, fa tots els possibles, en canvi, per convertir la classe en una escola de convivència a través del coneixement. “Podem ser l’encarnació d’una excepció: una excepció amorosa amb la cultura, malgrat tot. I és que, per una hora, tots estem en pau, treballem en pau, a la meva classe”. Durant anys l’Andreu Navarra ha estat un admirable buscavides. Amb un currículum espaterrant, amb una capacitat de treball desbocada, apurant totes les beques possibles, ha publicat una pila de llibres que proven la seva passió per la història, la literatura i el coneixement. Un dels últims és un repàs a la història del pensament polític del regeneracionisme espanyol, del segle XVI fins al present. A les últimes pàgines invocava de nou la vigència del regeneracionisme com a ètica civil per combatre els perpetuadors de la injustícia: els qui impulsen la involució social boicotejant l’educació. Amb aquesta fe l’Andreu ha arribat a l’aula i seva ha de ser la nostra esperança. La de la noia que el mira perquè sobretot vol treballar. “Gràcies, noia que volia treballar. Perquè aquesta és la història de la meva vida: voler treballar.”

Jordi Amat, La Vanguardia, 01-03-2016

dissabte, 20 de febrer del 2016

Carretera

En la piel de la página en el interior de mi ser
esta carretera incendiada y recta:
la cuneta rasurada del olvido
como un pubis de petróleo.

Rezumando un agua clandestina y negra
en la sierra de la pregunta por el ser,
en las fauces de una alimaña rota,
matorrales con espinas cercenadas,
cabeza anubada,
anillo que se cierra.

Martillo sin mástil que mendiga pan.
Piedras abombadas en la mano.
Huevos que se aplastan a sí mismos,
aviones cansados,
toses,
ayes,
esta parte de un país que se derrite.






(2010)

divendres, 29 de gener del 2016

Desglosario hacmoriano


Antipoeta: n Poeta humano cuyo objetivo es convertirse en poeta can que produce ladridos en lugar de versos para así desvincularse violentamente de la cofradía inane que forman los demás poetas obcecados en repartirse parcelas de poder combatiéndose con sin par saña los unos a los otros.

Belleza: f Concepto puro no asociado a la Verdad.

Carles Hac Mor: m Espécimen [espécimen: m Muestra, parte de una cosa destinada a dar una idea del restante] humano de sexo masculino. Se distingue por la cabeza rapada y la grafomanía.[1]

Cloaca: f Ambiente ideal para el desarrollo de una experiencia poética basada en lo efímero.

Derrumbe: m Momento primero del proceso generatriz caracterizado por una nihilización radical del universo circundante con la consiguiente muerte de todas las consignas preceptivas previas.

Grafomanía: f Enfermedad cuya sintomatología puede resumirse básicamente en la necesidad obsesiva de producir escritura sin rebasar jamás el umbral de la significación.

Humor: m Liberación integral.

Ilegibilidad: f Condición necesaria para que la producción del poeta que aspira a can no devenga en un subproducto acomodaticio y necesariamente aleccionador.

Música: f Poesía entendida como negación de todo significado mimético.

No poesía: f Referente ineludible de toda verdadera poesía, es decir, discurso alejado de toda ideología y toda teoría.

No ser: m Concepto fundamental que no debe nunca ser confundido con la Nada.

Novecentismo: m Involución moderantista implantada en Catalunya entre los años 1906 y 1923 cuyo objetivo fue sofocar la libre creatividad de los nativos a través de una ideación más acorde con la tranquilidad y el gusto falsamente clasicista de la clase dirigente burguesa.

Paraparemia: f Tipología escritural que se basa en la asociación compulsiva de términos que se relacionan entre sí por su relativa coincidencia fonética y/o cierta semejanza semántica recién inaugurada y cancelada a la vez por la siguiente combinación paraparémica. La paraparemia no es más que el resultado del ejercicio de la enfermedad grafomaníaca.

Perfección: f Noción fascista.

Poema: m Nada insignificante que se escribe sin querer al margen de toda preceptiva estética.

Poesía: f Pandemia de chacharismo consagrada por el cotarro cínico ancestral de los poetas.

Reconstrucción: f Instante de embriaguez creadora que surge y es consecuencia de un cataclismo previo.

Safor: f Entre los integrantes de la religión musulmana, estallido de alegría golosa que sigue a las horas de abstinencia durante el mes del Ramadán. Expresión que ha perdurado en el antiguo reino Taifa de Lleida, incorporada a la lengua catalana y conservada hasta la actualidad. Dio título al no poemario imposible Fer Safor, publicado en Barcelona y Vic por Cafè Central y Eumo Editorial, año 2001.

Textualismo: m Movimiento literario de la letras catalanas enclavado en los años setenta del pasado siglo cuyo empeño fue explorar hasta las últimas consecuencias la experimentación discursiva combinada con una superación de los conceptos vanguardistas tradicionales.

Toni Clapés: m Espécimen poético residente en Catalunya cuyo murmullo escritural se asemeja en la medida de lo posible al silencio o el cero.

Vanguardia: f Concepto militar fascistoide cuyo último coletazo fue el Arte Conceptual de los años 70, inaplicable hoy a la experiencia paraparémica.

Verdad: f Concepto puro no asociado a la Belleza.

Andreu Navarra Ordoño,
Febrero de 2008.



[1] Aclaración léxica tomada de la solapa del volumen Cabrafiga (Vic, Emboscall, 2002).

dijous, 28 de gener del 2016

"Cabrahíga", de Carles Hac Mor


alguien
va llegando a la ciudad
de una fluctuación breve
alzarse rosas ateas
de sal y váno
nuevas con sangre
de viajes extendi-
das mojadas
en consecuen-
cia y a pesar
este insulto
de niñera
un primor que existe
dondequiera
son seca-
das eh señor
más que un suceso gratuito
mientras torren-
tes caudalosos
enumeraciones
caóticas
que la escogi-
eron descendiendo
espontáneas en vacíos ágiles
por si vamos glosando aquello
de exhalar olor resplandeciente
callejón de Túnez que puede
ser simplemente
expresión
cero desde el universo único
del visionario Roussel
es sí
la conclusión rara
de estrellas rei-
nas puelitas
exclusivamente energéticas
media luna olvido
cáscara
contradicción de canto
acabando con su majestad
la creación exnihilo
como resultado fortuito
la indiscipli-
na ahora bien si
la revuelta y
el petardismo
de vagos atentados general

de unos milicianotes

Carles Hac Mor (traducción de Andreu Navarra)

dimecres, 27 de gener del 2016

Carles Hac Mor o la militancia logorreica


¿Por qué Cabrafiga (Vic, Emboscall, 2002) y Com aquell qui Diu (Vic, Emboscall, 2004) y no otros textos de la dilatada trayectoria del autor? ¿Por qué no una antología retrospectiva? La respuesta es difícil de concretar, pero aquí vienen algunas hipótesis: se trata de dos poemas unitarios y ambiciosos, que forman un libro delicioso (siempre he creído que el criterio estético, en algo tan material como es un libro, debe ser tenido muy en cuenta). Además, estos dos poemas, que dieron lugar a dos libros gemelos, aportan una idea muy aproximada de cómo es el quehacer literario global del autor, aunque, como veremos a continuación, trabajen con materiales literarios muy distintos entre sí.
Cabrafiga es una meditación torrencial con una raíz escénica: el poeta, ante el sepulcro tunecino del inefable Anselm Turmeda (otro disparatado escritor, esta vez medieval), medita sobre los límites de la creación y el sentido de la rebelión en Occidente. El poema (o no poema o lo que sea) reflexiona sobre las nociones mismas de escritura y creación artística, preguntándose si la anarquía y el caos seminal aún son posibles en nuestro mundo, y si éstos pueden, efectivamente, fertilizar nuestra existencia. Por lo tanto, podríamos considerarlo un texto en parte metapoético.
Sin embargo, debe entendérseme bien, Cabrafiga podría ser esto o no ser esto. Podría muy bien ser que todo esto no tuviera ni pies ni cabeza, y que el autor únicamente se hubiera sentado a la mesa para colocar una tras otra frases recortadas de revistas o periódicos, observando el resultado y sonriéndose ante la reacción del lector. Ríanse ustedes de los textos surrealistas o de Antonin Artaud: al lado de Cabrafiga son letanías propias de ursulinas de la Caridad. Sin embargo, no crea que sea el caso, y si lo fuera no restaría ni un ápice de mérito a la admirable longaniza verbal que este auténtico poeta logra a base de plantearse desafíos. Cada verso de Hac Mor es una partícula gram que contribuye al gran collage verbal que es su obra, cuyo significado no se abandona a la iniciativa lector como en cualquier esquema interpretativo fácil y/o postmoderno.
Hac Mor es un poeta postmoderno entendiendo Postmodernismo como posibilidad de trabajo más allá del fósil y la estupidez de la falsa libertad. Su texto presenta como significado un material heterogéneo formado por la Guerra Civil, las grandes revoluciones que han sacudido la historia de Occidente, la vida catalano-cristiana y también nacionalcatólica y las reflexiones cósmicas sobre el Ser y el No Ser.
Lo único que podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos son algunas circularidades de tipo estructural en la construcción de los versos: la manía de montar imágenes en que el genitivo antecede al sustantivo, por ejemplo, o el gusto por dividir las palabras a final de verso, o la fragmentación radical que reduce todas las líneas a únicos trazos de cada una de las escenas que componen el poema. La reiteración de los momentos más inspirados, las asociaciones semánticas más eficaces (cimas), por ejemplo, “antiestado y buñuelos”, o “palabras hoyo” y “palabras eructo”, hacia el final, es decir, una estructura circular que sólo puede deberse a una disposición intencionada, demuestran la meditada conformación externa del texto. Cualquier otra especulación globalista carece de fundamento científico.
Por lo tanto, como el texto carece de hilación, se explotan asociaciones imprevistas no sólo entre nombres y calificativos o  entre sintagmas, sino también en un nivel textual que aprovecha una plantilla sintáctica común para evaporar todo vestigio de significado racional. La belleza de los pasajes trabajados por este medio es evidente, y surge de su combinación súbita y explosiva.
La elección de Anselm Turmeda no es una elección fruto del azar. Se trata de uno de los pioneros representantes de la rauxa mental catalana, uno de los primeros profesionales del looping y la performance grotesca que dio este pequeño país contradictorio. Anselm Turmeda fue el desertor que huyó de su reino y su religión porque el Islam le proporcionaba más mujeres.
A lo largo del poema, se suceden las descripciones de cataclismos sociales. Subyace una inquietud estética y moral en estos versos que contribuyen a darle aspecto de catálogo de sustos, en una letanía que responde a un deseo de representar una dislocación cósmica sin paliativos. Desfilan, entre otros, en esta galería de explosivos verbales, Malatesta, Buenaventura Durruti, los integrantes del maquis, los protagonistas de la Setmana Tràgica y los impulsores de la Reacción Termidoriana, sazonadas con escenas de la guerra Civil sólo reconocibles por un ciudadano español. 
La novela (o no novela o pedazo de texto o lo que sea) La Fi del Món (Turín, Giulio Einaudi, 1972 y Barcelona, Empúries, 1994), la narración más radical que he leído jamás, trabaja con materiales parecidos. Novelas radicales, lo que podríamos decir radicales de verdad, se me ocurren algunas (¡Absalón, Absalón!, de William Faulkner; Finnegan’s Wake, de Joyce; Una meditación o Un viaje de invierno, de Juan Benet), pero ninguna se parece a La Fi del Món. Se trata de un texto, como los publicados aquí, que opera con un hallazgo experimental completamente propio, original, inédito. En La Fi del Món no hallamos huellas de Proust, Joyce u otros grandes renovadores europeos. Creo que la novela no es más que una comedia del absurdo novelada que ha tomado la forma de un soliloquio dislocado en varias voces auto-referenciales. Se trata de un texto esencialmente dramático, en que las leyes de la química, la física y la crítica se han visto perturbadas por una intencionalidad grafomaníaca.
Con aquell qui diu es un texto muy distinto, cuya tipología se acercaría a lo que Jameson denomina discurso paraliterario. El trabajo, en este caso, es otro collage, es decir, otra asociación de elementos heterogéneos presentados en bruto, sin transición entre ellos. Estos elementos son tomados directamente de la lengua popular catalana y del folklore. Existen diversos antecedentes a esta forma de proceder concatenando frases hechas, refranes y toda una serie de expresiones que todo hablante tiene grabadas en  su cabeza. Estos antecedentes no son otros que la poesía de los grandes gamberros del Barroco (Quevedo y el Rector de Vallfogona) y la narración Rondalla de rondalles, del quevedólogo valenciano Lluís Galiana (1740 - 1771). He citado estos textos no como influencias directas sobre el poema hacmoriano (si lo son no importa demasiado), sino como recordatorios de que su actitud literaria tiene antecedentes en la rica tradición tanto castellana como catalana.
Todo el mundo ha sido niño y por lo tanto ha recibido amonestaciones de su madre o ha escuchado la lengua ruda del papi cuando está enojado. Estos son los materiales con los que Hac Mor compone su poema. La narratividad de Cabrafiga, por lo tanto, ha desaparecido, y de un poema esencialmente visual hemos pasado a una poesía puramente lingüística.
Pero las leyes compositivas del discurso han cambiado radicalmente de Cabrafiga a Com aquell qui diu. Para empezar, en éste se conservan las leyes de la puntuación y la ortografía. Por ejemplo, Dios se escribe con mayúscula. Las partículas gramatológicas armadas por Hac Mor tienen una microestructura muy distinta a las de Cabrafiga: conservan sentido interno, se trata de frases con origen deducible. Este origen es lo que otorga valor poético al texto, en el sentido jamesoniano mencionado más arriba. Sin una sintaxis y una mímesis no sería posible identificar a qué argot específico hacen referencia estas partículas. ¿Cómo no reconocer el murmullo contradictorio propio de las noticias de la tele o del periódico en la narración de los heridos encontrados que se encuentra hacia el inicio del poema?
Sin embargo, este orden discursivo aparente encubre una mayor atomización de la información. Mientras en Cabrafiga aún era posible detectar recurrencias y líneas temáticas, en Com aquell qui diu el significado de la serie verbal ha terminado de disolverse o de evaporarse: nos encontramos ante una muestra prácticamente pura de escritura paraparémica.
Hay quien le critica a Carles Hac el hecho de que no evolucione, de que no cambie de presupuestos estéticos a través de las décadas y de que explote resultados o intenciones propios de la generación de los años 30, J.V: Foix y Salvat-Papasseit a la cabeza. Obviamente, no conocen suficientemente su obra o no lo han escuchado justificar sus actos, en apariencia, arbitrarios. Por ejemplo: si baila en un recital es porque bailaban los poetas filósofos presocráticos que está utilizando como referente. Si crea revistas habladas o navegadas es porque le preocupa el hecho de que las publicaciones poéticas, en general, sean un soberano coñazo.
Hac Mor es un trabajador incansable, le importa un bledo evolucionar o no, lo único que no cambia en él es la voluntad de cambiar, explorar, experimentar, investigar, delinquir, jugar, mezclar, escuchar y realizar una acción que tiene un nombre muy catalán y para el cual no he encontrado un equivalente castellano satisfactorio: potinejar. Por eso, es también un escritor relativamente generoso a la hora de dar fe y pistas sobre lo que ha escrito o sobre lo que está trabajando. Ya tenemos entre manos el que es, hasta la fecha, su último libro: Enderroc i reconstrucció (Tarragona, Arola, 2007), un ensayo en que el poeta nos desvela con amplitud cuáles son los materiales con los que trabaja y cuál ha sido su trayectoria investigadora. Pero ya en el breve prólogo a La Fi del Món nos contaba qué significaron sus primeras andaduras en el seno de los grupos llamados textualistas; más que grupos, gropúsculos o células en que se reunían los intelectuales catalanes más marginados, los marxistas que abogaban por una narrativa diferente, y también explica como fue superado este punto de partida inicial. Así como la escritura textualista trataba de superar el Vanguardismo, la Escritura Paraparémica hacmoriana supera el textualismo. Como nos explica en Enderroc i reconstrucció, el escritor que no dice nada pese a seguir escribiendo no puede situarse en las coordenadas de una avanzada romántica. Asimismo, las instrucciones de puesta en escena que preceden a la obra teatral Tirant Lo Blanc La o la Perfecció és Feixista o La Construcció del Socialisme (Quinta essència hiposeptimímica de la novel·la de Joanot Martorell) (Barcelona, AADPC, 2000), escrita en colaboración con Ester Xargay, son un auténtica disertación teórica aplicable a todos sus textos y nos orientan a la hora de confeccionar algún tipo de lista de influencias: Arnold Schönberg, Alfred Jarry, Samuel Beckett y los Hermanos Marx, entre otros.
Además de lograr tonos inverosímiles y universalistas, y de no cesar nunca de buscar nuevos materiales, nuevas vías, otros horizontes por explotar, nuestro autor puede vanagloriarse de ser el único escritor de su generación que haya logrado un catalán totalmente callejero y libre. Asimismo, debe celebrarse el hecho de que utilice con toda naturalidad los giros de Lleida, apartándose de la variante áurea y aséptica, estandarizada y catatónica que lastra la mayor parte de las obras literarias escritas en catalán actual. Y esto lo ha logrado zambulléndose en los diccionarios y receptáculos de folklore popular, por una parte, y creando cuantos neologismos necesitase para expresarse con claridad. Pero es que todos los grandes escritores catalanes han obrado así. Se me ocurre traer a colación, como grandes dinamizadores del catalán, al propio Ramón Llull, a Frederic Soler “Pitarra”, o incluso a Santiago Rusiñol, inolvidables humoristas también éstos últimos.
Acompañan a los dos poemas que conforman este libro un desglosario hacmoriano que incluye los términos clave a la hora de interpretar la obra literaria del autor y una lista completa de sus publicaciones, situada a continuación, para reforzar la función expansiva y divulgativa que se ha querido dar a la siguiente traducción.

Andreu Navarra Ordoño

Octubre de 2007

dijous, 10 de desembre del 2015

Agustín Espinosa


Agustín Espinosa (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1897 – Los Realejos, Tenerife, 1939) es seguramente el narrador surrealista más puro de la literatura española. Tras unos primeros pinitos en forma de poesía modernista, que ya casi nadie alcanza a documentar, dirige la revista La Rosa de los vientos, y luego viaja a Madrid para doctorarse con una tesis sobre José Clavijo y Fajardo, el ilustre periodista ilustrado español que fundó de El pensador. Allí conoce a Ernesto Giménez Caballero, con quien mantendrá una amistad cercana, llegando a trabajar en la redacción de La Gaceta Literaria. En 1929, Espinosa publica Lancelot 28º-7º, una descripción en prosa de la isla de Lanzarote en clave cubista, llena de contenidos metafísicos. Teniendo en cuenta que Clavijo era de Lanzarote, no está de más señalar que los temas lanzaroteños fueron importantes en el imaginario del escritor antes de su ingreso en las filas del surrealismo.
            Durante los años treinta es uno de los protagonistas de la floración surrealista canaria. En 1930, tras un viaje a París, Espinosa se incorpora a la Gaceta de Arte, revista nacida en 1932 y dirigida por Eduardo Westerdahl, de donde procede Óscar Domínguez, el ilustrador que realizó la portada de su obra más recordada: la novela Crimen (1934). De 1933 es la conferencia Media hora jugando a los dados, a la que siguieron otras: Bajo el signo de Viera, La isla arcángel de Lope, Hablemos ahora del asno… y Sangre de España. Como presidente del Ateneo de Santa Cruz de Tenerife impulsará la famosa y trascendental visita de los surrealistas franceses a su isla, en mayo de 1935. Domingo Pérez Minik nos dejó escrita la crónica de aquella visita, en su Facción española surrealista de Tenerife (1975), donde se nos cuenta hasta qué punto los paisajes y los pequeños descubrimientos entusiasmaron a Breton: “El poeta se echaba al suelo, como si quisiera comerse algunas hierbas, veía con avidez las flores pequeñas de los bordes del camino, cuyos nombres nos preguntaba y que no sabíamos responder.”
            Agustín Espinosa era un escritor católico. ¿Cómo encajar las escenas de sexo de Crimen y su dislocado visionarismo con su ideología y su concepción religiosa de la vida? No es incompatible en un prosista de vanguardia el catolicismo y el ejercicio de la escritura automática. Es más, quizás sea la mentalidad católica el objeto idóneo de la introspección psicoanalítica, a la hora de que se produzca el proceso de liberación y de descripción y emancipación de lo reprimido que caracteriza al surrealismo. Seguramente, en el espíritu del libertino haya menos que libertad.
            La relación del surrealismo con el catolicismo fue intensa. En una carta de Luis Buñuel a Pepín Bello escrita en 1929, el aragonés le propone a su amigo varios títulos de poema: “Mulas huyendo de una hostia consagrada”, “Hostia consagrada con bigote y polla”, “Hostia consagrada saliendo por el culo de un ruiseñor y saludando” (Martínez Sarrión, 2008 : 77). Dalí escribió ese mismo año una Profanación de la hostia. En general, todos los surrealistas franceses mostraron una auténtica aversión al cristianismo, y los españoles añadieron ac este rechazo doctrinal el anticlericalismo iconoclasta y brutal tan característico de su patria. En Francia se conoce el caso del sacerdote alsaciano Ernest de Gegenbach, curiosa mezcla de libertino y místico, y militante surrealista. Este personaje mantuvo relaciones con una actriz del Odeón, por lo cual fue amonestado por su obispo, y luego intentó suicidarse. Contando todas sus zozobras escribió una carta a los redactores de Revolución Surrealista, carta en la que acusaba a la Iglesia de haberlo convertido en un rebelde y un nihilista. En 1970 publicó Judas o el vampiro surrealista, y aún viviría once años más (Martínez Sarrión, 2008 : 81).
Pero ese “cura sacrílego” no escribió una novela como Crimen. Resulta totalmente sorprendente la cantidad de sexo desatado y coprófílico que Espinosa es capaz de incorporar a su discurso. Nunca las heces y el asesinato habían merecido mayor ternura. Pero esto añade valor a los escritos de Espinosa, porque nos revelan la sinceridad de su modo de trabajar. Las tremendas y mórbidas convulsiones de Crimen, novela llena de voluptuosidad y ansias de fornicación mortuoria, nos indican que Espinosa, que era catedrático de instituto, protagonizó una auténtica labor de liberación. Veamos una muestra: “Ella se masturbaba cotidianamente sobre él, mientras besaba el retrato de un muchacho de suave bigote oscuro. / Se orinaba y se descomía sobre él. Y escupía –y hasta se vomitaba – sobre aquel débil hombre enamorado, satisfaciendo así una necesidad inencauzable y conquistando, de paso, la disciplina de una sexualidad de la que era la sola dueña y oficiante. / Ese hombre no era otro que yo mismo”. En definitiva, Espinosa podía escribir eso e irse a misa bien tranquilo, de eso no cabe la menor duda. Ahora bien, espero que el nombre fingido de su partenaire literaria, María Ana, fuera realmente fingido, para que la muchacha no tuviera luego problemas, ya que la sociedad no estaba aún preparada para digerir lo que hay en Crimen. De hecho, terminada la guerra civil, Espinosa fue depurado no por cuestiones políticas, sino por las ampollas que había levantado su novela. Por ejemplo, imposible que fuera digerida una feliz y brutal sesión de sexo combinada con la muerte provocada de la amante bajo las ruedas de un tren expreso. Frenesí por morir y asesinar, por alcanzar el orgasmo y la saciedad. Mística del suicidio, unión de la revelación con el orgasmo y la autonegación: “Me había dormido entre veinte senos, veinte bocas, veinte sexos, veinte muslos, veinte lenguas y veinte ojos de una misma mujer. Por eso fue mi despertar más angustioso y horripilante: crucificado sobre mi propia cama de matrimonio[1] puesta en posición vertical tras un gran balcón de cristales abierto a una calle desolada. Amanecía tras aquel balcón que me servía de vitrina. Estaba completamente desnudo. Sentía frío y vergüenza de que me pudieran ver desde la calle.” En definitiva, ya vemos por dónde van los tiros: Crimen podría calificarse de magistral explosión de pulsiones y miedos desatados.



[1] Espinosa se había casado en 1932.